domingo, 3 de febrero de 2013

Las clases de Boxeo

   




 El no tener ni el más mínimo plan para estas vacaciones y por dejarme llevar a veces por lo que quiero hacer, terminé matriculada  en la Federación Peruana de Boxeo, en la sede del estadio Nacional. ¿Vocación tardía? ¿Novedad? ¿Posería? No sé, quizás ese día me levanté con un abnegado espíritu deportista o con ganas de querer romperle la cara a alguien.

Entusiasmada, entré a la página de la Federación, llamé y pregunté a la recepcionista sobre el precio y los horarios. Colgué inmediatamente, pues faltaba media hora para que empezara el turno al que pretendía matricularme por las tardes. ( 4:00 - 5:30),  cogí la maleta que llevo al gimnasio sin acomodar mucho y salí rumbo al Estadio Nacional.

Para entrar debes dejar tu DNI en la portería y decir hacia dónde te diriges. A la Federación de boxeo, por favor. Pasé junto con las miradas de pies a cabeza del vigilante y de las otras tres personas que estaban detrás de mi. Camine de frente, es la segunda puerta de la derecha. Gracias.

Al entrar el eco, el olor a local recién pintado y sobre todo la presencia masculina me intimidó, vamos, no estaba yendo al gimnasio a hacer mi rutina como suelo hacerlo todos los días sino a unas clases de boxeo, con un profesor, con  alumnos alrededor, guantes, vendas, lonas, etc., pero ya estaba allí, así que no había marcha atrás.

Me matriculé, pagué sesenta soles para que me enseñaran tres veces por semana aquel deporte. Al salir de la recepción noté que habían dos chicas más calentando en un grupo que estaba destinado a los nuevos, a los amateurs. Eso me alivió. Ya no era la única mujer en el lugar acompañada de tanto gemido y músculo masculino a mi alrededor.

Calentar fue una bicoca para mi pues tengo entrenamiento, sin embargo, había olvidado que en este deporte se debe tener una coordinación extrema entre los movimientos de los pies y las manos, las caderas y las rodillas, que a la misma altura y en línea diagonal . . . y yo que ni bailo. Felizmente, por cosas de suerte, pude sacar ese pasito básico de ataque, el primero que te enseñan. Bueno sus 45 min. tomó.

La hora y media en la Federación, fue productiva, no lo puedo negar, pero el lugar estaba muy abarrotado de gente. Muchos jóvenes y niños teníamos casi lleno el lugar y son pocos los profesores  destinados para cada grupo matriculado. Hace falta invertir más en esta Federación pues no es el lugar adecuado en cuanto a espacio ni tiene los implementos necesarios para las próximas promesas de este deporte y  en este grupo de muchachos sí que las hay.

Aquí pude conocer a algunos de los capos que me ayudaban cuando me perdía en una vuelta, en el ataque o  en el paso básico. Chicos que son todos unos boxeadores pero que lamentablemente no tienen los medios para poder comprarse unos buenos guantes, botines o pagar un buen entrenador pero que, sin embargo, no pierden las ganas ni mucho menos la concentración así le estén enseñando a una flaquita que sonríe intimidada por perder nuevamente la bailadita del paso básico de coordinación para dummies. 

La pasión desmedida por el box me duró una hora y media y a mi desgano también se sumó la gran cantidad de alumnos matriculados . No iba a estar yendo a un lugar tres veces por semana donde a penas sude y tenga una atención mínima del profesor. Al terminar la clase fui a que me reenbolsaran el dinero, felizmente no hubo problemas en ello pues no hay un buen cuento peruano que no te ayude en esos aprietos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario