jueves, 22 de octubre de 2015

LA PRIMERA VEZ QUE VI A CHARLY GARCÍA




Había comprado la entrada  con meses de anticipación. Mejor dicho, la compré  apenas vi el anuncio en la televisión. Esta vez tenía que ver a Dios, al Genio, al más Grande…tenía que ir al  concierto de Charly García. Con plata prestada, una vez que tuve el boleto en mano, solo me quedó esperar a que pasen los días, las horas y los minutos para que sea el tan ansiado 30 de junio del 2012.

El día había llegado. El padre del rock argentino estaba una vez más en el Perú. Fui desde muy temprano, con un gran amigo mío, tan hincha del loco como yo. Éramos de los primeros en la cola y veíamos como poco a poco la gente Say No More iba llegando. Las chelas pasaban, los porros rotaban y las canciones se empezaban a escuchar durante la previa en el Jockey Club.

Lamentablemente, recordar la primera vez que vi a Charly, trae, a mi mente la desagradable presentación del telonero de aquella noche. Un joven desconocido con  guitarra en mano que osó con subir al escenario antes que El Genio. Obviamente, las pifias y las burlas no se hicieron esperar. Estábamos frente al peor acto jamás visto en toda la historia. ¿Tanto así? Así es…pero tú fulanito solo me queda decirte que eres el más grande hijo de puta por haber teloneado a Dios.  

En fin, después de ese acto cómico sin sabor, era momento de olvidarlo y preparar la garganta para nuestro ídolo. Las luces se apagaron y en la pantalla se empezó a proyectar la enorme discografía de toda la trayectoria de Carlos Alberto García Moreno…Charly García. En medio de los gritos eufóricos de todos los hinchas, La banda The Prostitution se iba ubicando en el escenario y finalmente, mientras mi corazón palpitaba a mil, apareció Él. Solo un metro me separaba de Charly. Solo un metro me separaba de su mágico piano y solo un metro me separaba de su bigotito bicolor.

Cerca de la revolución fue la primera canción que hizo estallar el Jockey, el concierto había empezado. Rezo por Vos, dedicada al Flaco. Los Dinosaurios, el himno…

Los amigos del barrio pueden desaparecer,
los cantores de radio pueden desaparecer.
Los que están en los diarios pueden desaparecer,
la persona que amas puede desaparecer.
Los que están en el aire
pueden desaparecer en el aire.
Los que están en la calle
pueden desaparecer en la calle

Ver la vitalidad de sus 60 años en el escenario contagiaba a todos. Con cada canción la piel se me ponía de gallina y mi garganta iba perdiendo la voz. Charly caminaba de un lado a otro y alzaba los brazos para que la gente que se había dado cita aquel 30 de junio le haga el Aguante!


Asesíname, Yendo de la cama al Living, Rap del Exilio, Influencia, Pasajera en Trance, Eiti Leda, Piano Bar, Instituciones, Anhedonia, Fanky, No importa y miles de joyas sonoras más se escucharon esa noche. Casi no recuerdo el orden  y de hecho me faltan listar más pero lo que nunca voy a olvidar fue ver a esa genialidad musical haciendo lo que mejor saber hacer: cantar y extasiar….”porque todo el mundo quiere éxtasis”.

viernes, 13 de febrero de 2015

VIERNES 13





Un viernes 13, hace tres años, conocí a Aldo en un bar. Él me habló de Charly  y me enamoré. Desde ese entonces nos hemos besado miles de veces. Nos hemos peleado, reconciliado, hemos ido a varios conciertos, hemos tomado muchos litros de cerveza, hemos comido grandes cantidades de pizza y hemos conversado. Nos hemos querido, odiado. Hemos follado más de un millón de veces, en varios telos de Lima y algunos de provincia. Nos hemos reído, llorado. Hemos viajado, bailado, hemos visto películas y siempre está a mi lado. No tenemos una fecha de aniversario en el mes. Solo sabemos que nos conocimos un viernes 13 en invierno. Maldito y bendito a la vez.


domingo, 1 de febrero de 2015

NO EXISTE UNA ESCUELA QUE ENSEÑE A VIVIR




Yo fui escolar hace once años. Recuerdo las boletas excesivas que mis padres pagaban cada mes. Con la promesa de una mejor calidad en la educación e infraestructura lo único que hizo el director de aquel colegio, que ahora no existe, fue construir una de las tantas universidades fantasmas que hay en Lima. Esas que solo ocupan un edificio a mitad de cuadra y que te aseguran un éxito profesional en solo cuatro años.

Las quejas de los padres en estas últimas semanas sobre los recargos en la matrícula han sido con justa razón. En las boletas de pago figuran cobros como por una bolsa de cemento a cada alumno con la finalidad de construir nuevas aulas y/o pasadizos; por material educativos que, finalmente, no son nada más que copias; y uniformes, que a precio real no pasan de cincuenta soles pero a nivel escolar es el doble.

La educación en el Perú es desigual y sobre todo pobre. Tanto en colegios particulares como estatales el floro educativo es el mismo. Historia, matemática, religión, lenguaje, geografía, cívica y educación física son cursos dictados por profesores mal remunerados y sin ganas de enseñar. Educadores que siguen una currícula obsoleta, aburrida y superficial.


Los únicos buenos recuerdos que tengo de mi etapa escolar es ver a mamá preparándome mis exuberantes y prodigiosas loncheras, a papá poniendo Radiomar a las 6 am. para escuchar baladas de oro, a mi hermana haciéndose la enferma para no ir al colegio, haber conocido a Kelly y a Mile, a mi primer enamoradito, a otros grandes amigos y las Galerías Brasil. 

lunes, 7 de julio de 2014

"UNA CANCIÓN TRISTE"



Una canción triste para los momentos bajos,
para sentirte acompañado cuando te sientes vencido, 
una canción triste para cuando estas solo, 
cuando no sabes el modo de salir adelante. 



para cuando estás solo


https://www.youtube.com/watch?v=OEPkaGcujPg
Una canción triste
Enrique Bunbury


domingo, 15 de junio de 2014

NO SÉ BESAR




La noche iba a ser depresiva, lo sabía. Por eso me negué a quedarme en casa el viernes pasado. Busqué algo de dinero y encontré veinte lucas en una mochila. Cogí mi cartera, me pinté los labios de rojo, me puse los audífonos y me quité de casa con el floro de que tenía chamba toda la madrugada. Ese día no quería regresar. Mala idea una vez más.

Mi destino era el Centro de Lima.  Primero, al Bar de Ciro y luego a cualquier lugar, a cualquier punto de la ciudad. Hice la ruta de siempre para llegar a Quilca, latear por Wilson y Paseo Colón. Si quiero ver putas y travestis en acción cojo la Av. España y bajo hasta Colmena. Ese día por complacer mi morbo opté por esta última opción. Otra mala idea. Mientras caminaba por ahí, un hijo de puta me metió la mano. Quise sacarle la mierda pero el muy cabrón se fue corriendo cagándose de risa.

Prendí un pucho para botar mi cólera y aceleré el paso hasta llegar a "Don Lucho". Al entrar sonaba Tabaco y Ron. Me senté en la mesa de al fondo y pedí una Pilsen helada. El lugar no estaba tan lleno. Si entraba algún conocido podía darme cuenta y lo invitaba a compartir mi chela. Sin embargo,  nadie apareció por esa puerta. Tampoco había salido en busca de compañía.

Con dos chelas encima, quería seguir la noche donde sea. Así que me metí a cualquier antrucho donde no cobren entrada. Con mis últimas diez lucas pedí un Chilcano que pretendía hacer durar un buen rato hasta que cualquier borracho me invitara más trago. El setlist aún estaba tranqui, sonaba El che y los Rolling Stones, como para hacerme recordar por qué había salido a ahogarme en un bar.

No sé si fue la melancolía o las ganas de pasarla bien las que me embriagaron, pero a la medianoche estaba lo suficientemente empilada como para pararme a bailar sola todas las canciones que me diera la gana. Mientras lo hacía, me di cuenta de que en la otra mesa estaba sentado un ex que había llegado de Uruguay hacía un par de meses. Quise llamar su atención y lo conseguí. Se acercó a saludarme y me invitó  a compartir unas las chelas. Acepté.

La noche avanzaba y la música mejoraba. Mientras bailábamos, nos mirábamos fijamente a los ojos de rato en rato, con una mirada cómplice como si supiéramos dónde íbamos a terminar esa noche. Cuando regresábamos a la mesa para seguir embriagándonos, conversábamos de lo que había sucedido en nuestras vidas en estos últimos tres años. Le conté que, por fin, había acabado la universidad, que trabajaba en un diario chicha y nunca llegaba a fin de mes. Él me contó que seguía sin tener ahorros en el banco y que se había enamorado. Sentí celos pero me alegré.

Para evitar que me contara de sus amores, lo saqué a bailar Los días y las sombras, un tema de  Voz Propia que justo sonó en el bar. Bailamos esa canción como locos porque nos hacía recordar los buenos tiempos de bohemia y sexo que pasamos durante un largo año. Días maravillosos en que las noches se acababan al día siguiente entre música, vinos y porros. Vivir el momento era la realidad. No enamorarse la condición. Y, finalmente, el compromiso y el fracaso, los dos grandes temores en nuestra `relación’.

Hay que morir cada noche
con el sol y con el día
volver a nacer

Fueron  tantos los  recuerdos en ese momento que no me aguanté más y lo besé. El beso fue extraño, feo y amargo. Él también lo notó. Separó su cuerpo del mío y me dijo que yo no sabía besar. Le pedí un chance más y no funcionó. Mientras sonaban los últimos acordes de la canción, tuvimos un par de intentos fallidos que nos bajaron la adrenalina de terminar la noche en un telo cercano. 


No sé besar, si supiera te besaría. . . ¿Cómo es que se colocan las narices?