Huanta - Ayacucho 2015
Peperina
jueves, 29 de octubre de 2015
jueves, 22 de octubre de 2015
LA PRIMERA VEZ QUE VI A CHARLY GARCÍA
Había comprado la entrada con meses de anticipación. Mejor dicho, la
compré apenas vi el anuncio en la
televisión. Esta vez tenía que ver a Dios, al Genio, al más Grande…tenía que ir
al concierto de Charly García. Con plata
prestada, una vez que tuve el boleto en mano, solo me quedó esperar a que pasen
los días, las horas y los minutos para que sea el tan ansiado 30 de junio del
2012.
El día había llegado. El padre del
rock argentino estaba una vez más en el Perú. Fui desde muy temprano, con un
gran amigo mío, tan hincha del loco como yo. Éramos de los primeros en la cola
y veíamos como poco a poco la gente Say
No More iba llegando. Las chelas pasaban, los porros rotaban y las canciones
se empezaban a escuchar durante la previa en el Jockey Club.
Lamentablemente, recordar la primera
vez que vi a Charly, trae, a mi mente la desagradable presentación del telonero
de aquella noche. Un joven desconocido con guitarra en mano que osó con subir al
escenario antes que El Genio. Obviamente, las pifias y las burlas no se
hicieron esperar. Estábamos frente al peor acto jamás visto en toda la historia.
¿Tanto así? Así es…pero tú fulanito solo me queda decirte que eres el más
grande hijo de puta por haber teloneado a Dios.
En fin, después de ese acto cómico sin
sabor, era momento de olvidarlo y preparar la garganta para nuestro ídolo. Las
luces se apagaron y en la pantalla se empezó a proyectar la enorme discografía
de toda la trayectoria de Carlos Alberto García Moreno…Charly García. En medio
de los gritos eufóricos de todos los hinchas, La banda The Prostitution se iba ubicando en el escenario y finalmente,
mientras mi corazón palpitaba a mil, apareció Él. Solo un metro me separaba de
Charly. Solo un metro me separaba de su mágico piano y solo un metro me
separaba de su bigotito bicolor.
Cerca
de la revolución fue
la primera canción que hizo estallar el Jockey, el concierto había empezado. Rezo por Vos, dedicada al Flaco. Los Dinosaurios, el himno…
Los
amigos del barrio pueden desaparecer,
los
cantores de radio pueden desaparecer.
Los
que están en los diarios pueden desaparecer,
la
persona que amas puede desaparecer.
Los
que están en el aire
pueden
desaparecer en el aire.
Los
que están en la calle
pueden
desaparecer en la calle
Ver la vitalidad de sus 60 años en el
escenario contagiaba a todos. Con cada canción la piel se me ponía de gallina y
mi garganta iba perdiendo la voz. Charly caminaba de un lado a otro y alzaba
los brazos para que la gente que se había dado cita aquel 30 de junio le haga
el Aguante!
Asesíname,
Yendo de la cama al Living, Rap del Exilio, Influencia, Pasajera en Trance,
Eiti Leda, Piano Bar, Instituciones, Anhedonia, Fanky, No importa y miles de joyas sonoras más se
escucharon esa noche. Casi no recuerdo el orden
y de hecho me faltan listar más pero lo que nunca voy a olvidar fue ver
a esa genialidad musical haciendo lo que mejor saber hacer: cantar y extasiar….”porque todo el mundo quiere éxtasis”.
viernes, 13 de febrero de 2015
VIERNES 13
Un viernes 13, hace tres años, conocí a Aldo en un bar. Él me habló de Charly y me enamoré. Desde ese entonces nos hemos besado miles de veces. Nos hemos peleado, reconciliado, hemos ido a varios conciertos, hemos tomado muchos litros de cerveza, hemos comido grandes cantidades de pizza y hemos conversado. Nos hemos querido, odiado. Hemos follado más de un millón de veces, en varios telos de Lima y algunos de provincia. Nos hemos reído, llorado. Hemos viajado, bailado, hemos visto películas y siempre está a mi lado. No tenemos una fecha de aniversario en el mes. Solo sabemos que nos conocimos un viernes 13 en invierno. Maldito y bendito a la vez.
domingo, 1 de febrero de 2015
NO EXISTE UNA ESCUELA QUE ENSEÑE A VIVIR
Yo fui escolar hace once años. Recuerdo las boletas excesivas que mis padres pagaban cada mes. Con la promesa de una mejor
calidad en la educación e infraestructura lo único que hizo el director de
aquel colegio, que ahora no existe, fue construir una de las tantas universidades
fantasmas que hay en Lima. Esas que solo ocupan un edificio a mitad de cuadra y
que te aseguran un éxito profesional en solo cuatro años.
Las quejas de los padres en estas
últimas semanas sobre los recargos en la matrícula han sido con justa razón. En
las boletas de pago figuran cobros como por una bolsa de cemento a cada alumno
con la finalidad de construir nuevas aulas y/o pasadizos; por material
educativos que, finalmente, no son nada más que copias; y uniformes, que a
precio real no pasan de cincuenta soles pero a nivel escolar es el doble.
La educación en el Perú es desigual y
sobre todo pobre. Tanto en colegios particulares como estatales el floro
educativo es el mismo. Historia, matemática, religión, lenguaje, geografía, cívica
y educación física son cursos dictados por profesores mal remunerados y sin
ganas de enseñar. Educadores que siguen una currícula obsoleta, aburrida y
superficial.
Los únicos buenos recuerdos que tengo
de mi etapa escolar es ver a mamá preparándome mis exuberantes y prodigiosas
loncheras, a papá poniendo Radiomar a las 6 am. para escuchar baladas de oro, a mi hermana haciéndose
la enferma para no ir al colegio, haber conocido a Kelly y a Mile, a mi primer
enamoradito, a otros grandes amigos y las Galerías Brasil.
viernes, 2 de enero de 2015
lunes, 7 de julio de 2014
"UNA CANCIÓN TRISTE"
Una canción triste para los momentos bajos,
para sentirte acompañado cuando te sientes vencido,
una canción triste para cuando estas solo,
cuando no sabes el modo de salir adelante.
para cuando estás solo
https://www.youtube.com/watch?v=OEPkaGcujPg
Una canción triste
Enrique Bunbury
domingo, 15 de junio de 2014
NO SÉ BESAR
La
noche iba a ser depresiva, lo sabía. Por eso me negué a quedarme en casa el viernes
pasado. Busqué algo de dinero y encontré veinte lucas en una mochila. Cogí mi cartera, me pinté los labios
de rojo, me puse los audífonos y me quité de casa con el floro de que tenía chamba toda la madrugada. Ese día no quería
regresar. Mala idea una vez más.
Mi
destino era el Centro de Lima. Primero, al Bar de Ciro y luego a cualquier lugar, a cualquier punto de la ciudad. Hice la ruta de siempre para llegar a Quilca, latear por Wilson y
Paseo Colón. Si quiero ver putas y travestis en acción cojo la Av. España y
bajo hasta Colmena. Ese día por complacer mi morbo opté por esta última opción.
Otra mala idea. Mientras caminaba por ahí, un hijo de puta me metió la mano.
Quise sacarle la mierda pero el muy cabrón se fue corriendo cagándose de risa.
Prendí
un pucho para botar mi cólera y aceleré el paso hasta llegar
a "Don Lucho". Al entrar sonaba Tabaco y Ron. Me senté en la mesa de al fondo y pedí
una Pilsen helada. El lugar no estaba tan lleno. Si entraba algún conocido
podía darme cuenta y lo invitaba a compartir mi chela. Sin embargo, nadie apareció por esa puerta. Tampoco había salido en busca de compañía.
Con
dos chelas encima, quería seguir la noche donde sea. Así que me metí a
cualquier antrucho donde no cobren entrada. Con mis últimas diez lucas pedí un Chilcano que pretendía hacer durar un buen rato hasta que cualquier borracho me invitara más trago. El setlist aún estaba
tranqui, sonaba El che y los Rolling
Stones, como para hacerme recordar por qué había salido a ahogarme en un bar.
No
sé si fue la melancolía o las ganas de pasarla bien las que me embriagaron, pero
a la medianoche estaba lo suficientemente empilada como para pararme a
bailar sola todas las canciones que me diera la gana. Mientras lo hacía, me di
cuenta de que en la otra mesa estaba sentado un ex que había llegado de Uruguay hacía un par de meses. Quise llamar su atención y lo conseguí. Se acercó a saludarme y me invitó a
compartir unas las chelas. Acepté.
La noche avanzaba y la música mejoraba. Mientras bailábamos, nos mirábamos fijamente a los ojos de rato en rato, con una mirada cómplice como si supiéramos dónde íbamos a terminar esa
noche. Cuando regresábamos a la mesa para seguir embriagándonos, conversábamos de lo que
había sucedido en nuestras vidas en estos últimos tres años. Le conté que, por fin,
había acabado la universidad, que trabajaba en un diario chicha y nunca llegaba a fin de mes. Él me contó
que seguía sin tener ahorros en el banco y que se había enamorado. Sentí celos
pero me alegré.
Para
evitar que me contara de sus amores, lo saqué a bailar Los días y las sombras, un tema de Voz Propia que
justo sonó en el bar. Bailamos esa canción como locos porque nos hacía recordar
los buenos tiempos de bohemia y sexo que pasamos durante un largo año. Días
maravillosos en que las noches se acababan al día siguiente entre música, vinos
y porros. Vivir el momento era la realidad. No enamorarse la condición. Y, finalmente, el
compromiso y el fracaso, los dos grandes temores en nuestra `relación’.
Hay que morir cada noche
con el sol y con el día
volver a nacer
Fueron tantos los recuerdos en ese momento que no me aguanté más y lo besé. El beso fue extraño,
feo y amargo. Él también lo notó. Separó su cuerpo del mío y me
dijo que yo no sabía besar. Le pedí un chance más y no funcionó. Mientras sonaban los últimos acordes de la canción, tuvimos un par de intentos
fallidos que nos bajaron la adrenalina de terminar la noche en un telo cercano.
No sé besar, si supiera te besaría. . . ¿Cómo es que
se colocan las narices?
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