jueves, 22 de diciembre de 2011

Mi primera vez en el cuarto oscuro

       

     Cada vez que me acuerdo de este momento, ahora, me río. La primera vez  que revelé un rollo fotográfico fue fatal, catastrófico y horrible. Nunca lo olvidaré ya que estuve encerrada en ese cuarto oscuro, aproximadamente, una hora. Me demoré toda una eternidad para destapar el rollo, enroscar la película en el carrete y finalmente meterla en el tanque. Proceso que  hice, cuando  dominé la técnica, en cinco minutos.

En medio de sollozos, lisuras y mi desesperación por salir de ese cuarto sin luz, maldije a más no poder la fotografía, creo que hasta unas lágrimas de angustia se me salieron. No lo dudo. Pude haberme dado por vencida a los quince o treinta minutos, pero eso significaba perder el rollo tomado. Si abría la puerta de ese pequeño cuarto mis fotos terminarían por velarse y habría mandado al carajo todo mi trabajo de campo.

Los minutos pasaban y yo seguía como empecé. Lo que más me costaba era enroscar la película en el carrete ya que mientras lo hacía esta se atascaba y tenía que volver a empezar miles de veces. El proceso se dificultó más porque el rollo ya estaba maltratado y por lo tanto era más difícil que entrara suavemente en el carrete sin atascarse.

¡Maldición! Decía a cada rato. Ya no aguantaba más estar encerrada sin un destello de luz en ese cuarto. Estaba cansada, harta, impotente, colérica y amarga. ¡Qué rollo para más imposible! ¡Te odio!... como si las cosas sintieran. Estúpida.

Al ver que ya no podía más y que el rollo seguía atascándose hice lo que debía hacer pasados los primeros quince minutos: pedir ayuda. Toqué la puerta de adentro hacia afuera y dije… “¿alguien puede ayudarme, por favor?” ya que a fuera del cuarto oscuro había gente que ya estaba revelando sus rollos con los químicos. Es decir, estaban en el paso dos.

A mi llamado acudió una compañera de otro curso, con la que hacía grupo para un trabajo. Apagaron las luces de afuera y ella entró a mi rescate  y al de mi película. Diez minutos más duró el sufrimiento con ella adentro ya que era difícil enrollar mi película por el brusco maltrato que había sufrido durante una hora a manos de una inexperta desesperada.  Cuando, por fin, pudo hacerlo, salimos del cuarto oscuro y vi la luz. Un sentimiento de alivio y amor por la luz me embargó, fue chistoso sentirlo.

Le di las gracias infinitas y seguí yo sola con el paso dos. Este se me hizo más asequible, no era tan complicado. Constaba en vaciar los químicos en el tanque, con la película enroscada adentro (paso uno), y tomar intervalos de tiempo diferentes para el revelador, el paro y el fijador. Continué con el paso tres, poner el carrete en agua por diez minutos. Qué aliviada me sentía después de esa hora de sufrimiento;  sin embargo vino a mi, otra vez, el sentimiento de angustia. Después del baño en agua, viene el secado que sería el momento de la verdad. En minutos sabría si es que mi esfuerzo tuvo éxito. ¿Habrán salido mis fotos? Si bien no entró luz por ningún lado, el rollo estaba muy maltratado.

Para mi buena suerte, salieron veinticuatro fotos de treinta y seis. Ver mi negativo con muchas fotos, me emocionó, pude haberme quedado sin una foto después de tanto sufrimiento.  Así que  me alivié y continúe con el paso tres, que consiste en colgar el largo negativo con unos ganchos y ponerlos en el área de secado para luego cortar los negativos ponerlos en el porta negativos y finalmente continuar con la ampliación de las fotos en el papel fotográfico.

Esta primera experiencia revelando sola fue desesperante pero al finalmente aprendí a desenrollar el rollo y ponerlo en el carrete, sí, me volví una experta en el paso dos, lo hacía en cinco minutos o en menos tiempo.

Definitivamente, nunca dejaré de recordar mi primer día en el cuarto de revelado. Han pasado meses desde que no revelo un rollo… espero no haberme olvidado. 




miércoles, 21 de diciembre de 2011

La tentación por un BlackBerry


    Últimamente, chequeo el Facebook y me doy cuenta de que todas las publicaciones que se actualizan en esta red social son vía celular. Veo anuncios como: “ . . . hace medio un minuto a través del BlackBerry”; “… foto publicada hace una hora a través del BlackBerry”; “ … estuvo en Miraflores, Zarate, Jesús María, Magdalena hace 5 minutos a través del BlackBerry”, etc.

Pues sí, ahora todo, absolutamente se hace vía BlackBerry o desde un smarthphone. Gracias a este aparato sabemos dónde y con quienes están nuestros familiares y amigos en tiempo real. Al parecer, es inevitable, que alguien que cuente con un BlackBerry se resista a la tentación de postear sobre lo que está haciendo y en qué punto del a ciudad se encuentra.

La moda ahora es tener uno de estos celulares y postear si es que hoy comiste o no, si estas en el baño, si tienes sueño o no, si te fue mal en el día, si estas enfermo o si estas ebrio. El Nextel, con su estruendoso sonido de alerta, ha sido desterrado en los últimos meses por el este inmediato equipo de comunicación. 

No mentiré, la tentación de adquirir uno ha rondado estos últimos días por mi cabeza ya que mi economía ha mejorado un poco. ¿Por qué lo compraría?: Es bonito, tiene internet inmediato hasta el último rincón de la ciudad, cámara y música en un solo equipo. Así ya no tendría que cargar la cámara y el mp4 por separado. ¡Definitivamente muchas cosas ricas en un solo lugar ¡

 Sin embargo, cuando estoy a punto de ir a una tienda por ese paradisíaco equipo, la conciencia y la responsabilidad rompen la burbuja de ansiedad por tener uno. Podría pagar por el equipo y tenerlo en mis manos inmediatamente, pero no sé si lograría cumplir con los pagos mensuales ya que a eso se sumarían mis otras deudas. Tal vez, sí, me dice la tentación en el cerebro, pero esto significaría llegar totalmente arrancada a fin de mes sin derecho a disfrutar de mis fines de semana en el centro, barranco, en la casa de un pata o dónde sea.

Por eso querida tentación, te digo ¡NO! y ya lo decidí. Me quedaré con mi celular de pantalla anaranjada, de sonido bajo que se cuelga a cada rato y que en lo peor de los casos se apaga solo. Bueno, algo de automático tiene. Además así dejo algo de curiosidad a los stalkers del Facebook si en algún momento me desaparezco de este mundo angosto del internet.

Hare Krishna


          Hoy, saliendo del trabajo, me crucé con un grupo de chicos que vestían túnicas largas y anaranjadas. Estos iban acompañados de tambores y pequeños platillos de mano, caminando y  entonando al unísono:   
Hare Krishna, Hare Krishna,
Krishna Krishna, Hare Hare,
Hare Rāma, Hare Rāma,
Rāma Rāma, Hare Hare.

Entre todo el tumulto de gente que los miraba y escuchaba, al igual que yo, uno ellos me dio un folleto mientras entonaba el Hare krishna a todo pulmón.

Los Hare Krishna son una agrupación que se dedica a la adoración y devoción  extrema del Dios Krishna, el dios hindú del que todos los demás dioses emanan. Creen en la reencarnación, la purificación total del alma y el karma. Para que estos se cumplan con el orden universal que ellos buscan se debe seguir una dieta basada únicamente en comida vegetaría, excluyendo por completo la carne. Los Hare Krishna fomentan por sobre todas las cosas la protección de la vida animal.

Esta hermandad, además, busca recuperar los valores divinos y el comportamiento adecuado que lleven al hombre a estar bien consigo mismo y con los demás. Por eso están en contra del aborto, en la matanza animal,  en el consumo de drogas, en la contaminación del ambiente y a todo tipo de actividad que vaya contra el bienestar del cuerpo  y del alma. Están en contra del materialismo y al beneficio y placer inmediato que este trae.

Por otro lado, los Hare Krishna han sido víctimas de acusaciones y como tal son reprochados por los demás como agrupación. Los señalan de tener un fanatismo absurdo debido a sus creencias y su vestimenta, también han sido criticados por nutricionistas debido a la dieta estricta a la que someten a sus adeptos. En el caso del trabajo mental que ellos llevan a cabo en esta hermandad como el yoga, algunos especialistas han señalado esas prácticas como lavadas de cerebro del ser humano.
              
Siempre encontraremos posiciones diversas en temas polémicos como en este caso, el de las costumbres religiosas. Estén herrados o no, esta es una fraternidad que debe de ser respetada como tal en sí misma, tanto por sus creencias, costumbres y forma de vestir. Este es un movimiento que cada vez gana más adeptos que acuden a sus filas libremente a nivel mundial.

Yo no soy vegetariana, al contrario, como poca ensalada y  me gusta mucho la carne. Ahora que hago una dieta para subir de peso consumo aun más de ella. Si un Krishna lee esto, tal vez me odiaría, no les pido perdón porque esta es mi costumbre pero si les prometería fomentar algunos de sus valores como lo son el cuidado del medio ambiente, la protección animal y el cuidado del cuerpo humano.

Si desean saber más sobre  este movimiento pueden visitar la siguiente página:
http://www.valoresyciencia.net/index.htm

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Mi papá y su Alianza Lima



    Si yo hubiese sido hombre, seguramente sería hincha a morir del mismo equipo de fútbol que el de mi  papá: Alianza Lima.  Siempre creí que era de la U porque la mayoría de mi familia lo es y la presión de grupo crece; sin embargo a estas alturas puedo decir que no  soy seguidora de ningún club en especial. Me jode. Envidio a todos esos hinchas que van al estadio a alentar a sus equipos con pasión. Me gustaría vitorear por alguno pero creo que es demasiado tarde para identificarme con algún equipo de fútbol.

Para mi papá el partido de hoy era importante, como para todo aliancista. Él quería ver al equipo de sus amores ganar, salir campeón y dar la vuelta en el Nacional. Es diciembre, el último mes del año, faltan pocos días para su cumpleaños, ¡Alianza tiene que campeonar hoy! Esta última frase se la escuché decir varias veces, con una sonrisa cómplice, durante la mañana, a cada conocido que se encontraba en la calle. Mi viejo siempre se entusiasma cuando ve a Alianza jugar, es su equipo, su pasión.

Cuando era pequeña, recuerdo que él siempre iba solo al estadio. Los clásicos eran imperdibles en su vida. Con ropa deportiva, descansando de las camisas y de  pantalones de vestir, se iba al estadio desde temprano con su banderola de blanquiazul y nos decía que ya venía. Mi madre espantada lo despedía con el corazón en la boca. Debo contar que para la señora de la casa todo evento en un estadio o masivo es alarmante.

Terminado el encuentro, mi viejo regresaba a la casa por la noche, vistiendo su bandera querida y cantando todas las canciones que había escuchado en el Comando Sur, nos saludaba contento y nos comentaba lo emocionante que había sido toda su estadía por la tarde en el estadio. Era raro pero lo que más esperábamos cuando regresara era que nos contara los chistes que lanzaban los palomillas, no sé qué tanto de jergas o palabrotas podía entender yo de chibola pero recuerdo que me gustaba escuchar a mi papá porque veía que realmente disfrutaba lo que contaba.

En el partido de Ayer ( Aurich – AL) recién vi a mi papá en los minutos suplementarios. Llegué a mi casa a las seis y media de la tarde. Llegué  y vi su carasa rígida ahí sentando frente al televisor, ante el cero a cero que indicaba el marcador. Llegó el momento de los penales que definirían el Campeón Nacional. Él tenía toda la certeza de que su Alianza iba a campeonar; sin embargo el primer penal fallido de su equipo lo dejó con la cara más seria y dura de como lo encontré. Gonzales falló el primer penal. No importa, dijo, es el primero ¡Vamos Alianza!

Aurich metió el primer gol de la noche, seguía el turno a Alianza con Soto, ¡GOOOOOOOOOOOOOOOOL! Saltó y gritó. Pero al minuto vino el segundo gol del equipo rival. Turno de Alianza una vez más … Trujillo pateaba el segundo penal que fue atrapado por Penny. En esta oportunidad vi a mi papá llevarse las dos manos a la cabeza decir un ¡Puta madre! Y lamentarse. Para ayudar a enfurecerlo más vino el tercer gol del Aurich con Ciciliano. Con este gol del equipo rival, las únicas que palabras que salieron de sus labios fueron: ¡Se acabó!... pero bien que guardaba la esperanza aliancista adentro. Es momento de alianza una vez más con Vílchez, pero este falló el penal.

 Alianza Lima, el equipo de sus amores no fue campeón este año.  Al terminar el partido en medio de las cachas que mi mamá le sacaba, este hombre lo único que dijo antes de irse a su cuarto y así convencerse de que será aliancista toda su vida fue: ¡Alianza Lima en las buenas y en las malas, contigo siempre mi blanquiazul!

                





jueves, 8 de diciembre de 2011

8 de diciembre

JHON LENNON
El 8 de diciembre de 1980 el psicópata  Mark David Chapman disparó contra Jhon Lennon.

ALIANZA LIMA
 En esta fecha también se conmemora el terrible accidente aéreo que sufrió el equipo Alianza Lima en el mar de Ventanilla.