El día del esperado tributo a Andrés Calamaro había llegado. Viernes 29 de marzo, la entrañable y mágica Noche de Barranco abriría sus puertas para concentrar por unas horas a todos los salmones dispersos en esta gran ciudad, aunque a veces Lima nos quede chica. Eran las diez en punto y ya habían algunas personas haciendo cola en la puerta. Llegué sola al lugar como todo un Socio de la soledad pues hasta ahora no encuentro a alguien que sea tan hincha de Andrelo como yo, o tal vez sí, pero ya es pretérito.
Una vez adentro, después de anunciarme con Diana como la flaca que había ganado la entrada vía Facebook para la tocada, fui de frente hacia la barra a sentarme. Desde allí veía como La Noche se llenaba en cuestión de segundos. Para las once y media el bar reventaba y toda la gentita ya se estaba empilando con los tragos. En la pantalla se proyectaba el último concierto de Andrés en Perú y toda la catarsis de aquel inolvidable 11 de noviembre del 2010. Con esas imágenes la expectativa de la gente por escuchar a la banda crecía, algunos cantaban mirando la pantalla y otros comenzaban a presionar con sus silbidos para escuchar de una vez por todas al espíritu del Salmón entre los Out Put.
Se apagan las luces. La banda aparece en el escenario y suenan los primeros acordes de Carnaval de Brasil, temón de La lengua Popular. Todos empezamos a cantar a voz en cuello, a alzar los brazos, a recordar, a suspirar y a dedicar. Cuando terminó la primera canción todos sabíamos que una gran noche nos esperaba con estos capos sobre la tarima. Lo que no existe más me agarró por sorpresa y me compré una chela, esta canción lo merecía. Los primeros temas del Salmón ya habían hecho efecto entre nosotros. Todos teníamos inyectada una gran dosis de éxtasis que nos recorría por todo el cuerpo. En ese momento me olvidé que había ido sola y que no conocía a nadie. La emoción desenfrenada y disfrute de toda la gente con cada canción me hizo sentir más acompañada que nunca pues al parecer todos compartíamos la misma pasión por Andrelo.
Comencé a registrar con la cámara todo ese furor y euforia que se vivía en La Noche. Con mi compañera me desplazaba de un lugar a otro para poder tomar algunas fotos. Así conocí a algunas personas, en especial a dos compañeros, otros salmones solitarios con los que disfruté el resto de la noche los temas de Calamaro entre chelas, gallos y fotografías.
Cuando la tocada estaba en su punto más álgido, un broder, que lamentablemente no recuerdo el nombre para poder darle los créditos necesarios, subió al escenario a cantar con la voz de Miguel Abuelo Cosas mías y Lunes por la madrugada. Toda La Noche se estremeció y se vino abajo. Comenzamos a cantar, a saltar y a decirnos salud de mesa en mesa. Los que estaban sentados se pararon en una para ser parte de esa adrenalida que revivía a los Abuelos de la nada.
Para bajarnos un poco las revoluciones la banda hizo un pequeño corte. Algunos de los músicos se dieron un merecido y corto descanso solo se quedaron en el escenario la voz del grupo y el pianista para regalarnos dos tremendas canciones como No me pidas que no sea un inocente y Como dos extraños. ¡Qué gran intermedio¡ Todo un trip hacia el baúl de los recuerdos. Algunas parejas se hacían demostraciones de amor con la letra de Como dos extraños, otros solos cantábamos por el placer de cantar porque Cantar es disparar contra el olvido . . .
La atmósfera estaba melancólica. La gente se puso filin, así que la banda decidió regalarnos algo de rock an roll para levantar un poco el ánimo de algunos corazones alicaídos con Sin documentos, Me arde, El Salmón, Todavía una canción de amor. Pffff..... Una vez más mandamos abajo aquel recinto que nos recibió un Viernes Santo hasta las primeras horas de un Sábado de Gloria. . .
Estoy tratando de decirte que
me desespero de esperarte
que no salgo a buscarte porque se
que corro el riesgo de encontrarte
que me sigo mordiendo noche y día
las uñas del rencor
que te sigo debiendo todavía
una canción de amor.
La noche iba llegando a su fin. La banda tocó las primeras estrofas de El Cantante, el cover que le hacen Calamaro y Vicentico al maestro Hector Lavoe, y nos dejó con la adrenalina entre los dientes. Aún podíamos sacar fuerzas de donde sea para seguir cantando, saltando y recordando con las canciones del compañero Calamaro pero ni modo todo tiene su final y nada dura para siempre. La banda realmente se lució y el escenario les quedó chico.
Aquel viernes La Noche fue tomada por los Salmones. Muchos corazones y recuerdos se atrincheraron en las paredes del lugar bajo las filas del Capitán Porrito.


