viernes, 29 de noviembre de 2013

LA SOLEDAD DE LOS VIERNES

5:15 en la oficina y suena I want to break free de Queen. “A Huacho me fui” empiezan a cantar algunos. Una amiga se para y baila. Yo desde un extremo, detrás de mi lap top, veo la escena. Estoy en la oficina pero es como si no estuviera. No sé si es la resaca o la presión por la semana de exámenes finales que vienen pero hoy un sentimiento raro me embarga.  NO, NO FUERON TUS LETRAS CHOCHE, no alucines. Tampoco es ‘ese otro dolor’ el que me perturba hoy.


El día está extraño pero no te extraño. El día está claro pero yo estoy apagada. No estoy deprimida pero tampoco feliz ni tranquila. No me cortaré el pelo pero sí iré por una torta de chocolate para que se me suba la serotonina. 


viernes, 25 de octubre de 2013

VICTORIA, SOLEDAD Y ANDRÉS




Se apagan las luces. Después de horas de espera la gente enloquece y en las pantallas se proyecta la portada del disco Bohemio. Jueves 24 de octubre de 2013, Andrés Calamaro estaba frente a nosotros una vez más para hacernos viajar por el baúl de los recuerdos, para dedicar sus canciones, para abrazar a alguien, para tomar una cerveza y cantar en voz en cuello hasta quedarnos sin voz. a

10: 15 de la noche y el Olé Olé Olé Olé Andrés Andrés de todos los salmones fue silenciado por las primeras notas del piano. . . Estoy vencido porque el mundo me hizo así no puedo cambiar, soy el remedio sin receta y tu amor mi enfermedad. . . Público enfurecido, gargantas dispuestas a sacarse la mierda con todas las letras de calamaro . .. poseros a espear "Flaca" pero todos éramos un solo público.

La noche comenzó con fuerza, en una, Andrelo nos hizo sentir su presencia de arranque con "Mi enfermedad". Salud por esa canción, me dijo mi broder. Sabíamos que una gran noche nos esperaba. Salud por la letra. Salud por todas la luces de neón que iluminaban la Explanada del Estadio Monumental y no hacía frío. Los siguientes riff fueron de "A los ojos" y se me vino lo filin. Sin decir una palabra, casi sin decirnos nada, sin mirarnos a los ojos . . .  Y  ME DICE LA GENTE QUE DEJE DE PENSAR EN TI! pero a veces uno es terco y la caga. Así es la vida choche! En mi zona, justamente, A los ojos, hay un loco calato que empila a la gente a saltar, a gritar, a cantar, a vibrar . . .a parecernos más a ese público argento que la viven en todos los conciertos. Unos cuantos nos animamos al chongo pero no somos suficientes. El Monumental aún sigue adormecido, le digo, esperemos unos temas más, ojalá el Salmón se mande con los clásicos de clásicos.

Suena la teba y todos los que hemos estado en un concierto de Calamaro sabemos que se trataba de "Todavía una canción de amor". En ese momento morí. Me fui en voz y en bad como en el 2009 y el 2011. Te estabas perdiendo una gran noche choche y no estas aquí conmigo cantando a sangrar pero, sabes,  no te preocupes, estoy apuntando todas la canciones para luego contarte cual fue el orden y cual pudo ser la historia. No te preocupes! Tu eres hincha de Calamaro tanto como yo .)

Las chelas empezaban a hacer efecto en todos. Si no se veía a un borracho cantando y saltando en su sitio los encontrabas en las interminables colas del baño. Joder no debía tomarme esas Kilmes. Si me voy al baño fácil me pierdo una de las importantes y la cancelo, mejor me aguanto . .. ¡Y me aguanté como los machos!

Ya daban como las 11:30. La noche estaba caliente, eufórica y terriblemente sentimental. Algunos, como yo, ya estábamos perdiendo la voz con los clásicos pero ya era turno del Bohemio. "Cuando no estás . . . no se abre el paracaídas y salto igual". La pareja que esta  frente a mi se empieza a abrazar, los del costado a besarse, los de más allá a mirarse a los ojos... Él se pone detrás de ella y la coge por al cintura. Ella baila suave al ritmo de la canción y coge sus dedos para luego entrelazarlos con las suyas. Él la abraza con más fuerza y la llena de besos... Vieras choche la gente se puso recontra filin en ese momento. Ya te cuento los detalles luego por mientras somos Victoria, Soledad, Andrés y su chela. ¡Calamaro sí sabe como  llevarnos a la catarsis!

                                                  Hay días para quedarse a mirar, 
                                                hay días en que hay poco para ver, 

                                                hay días sospechosamente Light, 

                                          hay un deseo que pido siempre que pasa un tren. 


Se armó el bailongo. Mi Gin tonic nos empiló y levantó al Monumental, para conocedores, claro! "Tuyo siempre", "Maradona" y "Loco" nos alzaron las revoluciones. ¡Qué ganas de bailar contigo choche y fumarnos un porrito pero ni modo no estás aquí, o tal vez, sí. No lo sé. Hace días que no hablamos. De todas maneras ella ya está haciendo efecto en mí. ¡Rico!


Ya es media noche y ese pianito me revuelve el estómago y me paraliza el Bob Dylan. . . Sentiste alguna vez lo que es tener el corazón roto . . . Seguro que sí choche y yo también. Te lo digo yo que sé de corazones rotos!  El furor de la gente es todo un mar humano nuevamente. El 'filin'  regresa a las venas y te cosquillea de pies a cabeza. Todos cantamos esta canción bajo las filas del Capitán Porrito. Una vez más él intenta acercase a ella. La rodea las manos por la cintura, ella, asustada y tímida solo se deja llevar. No le dice nada. No le reclama. A estas alturas de la noche ya no se asusta. Es Calamaro y la canción hermosa.

                                                          Todo lo que termina, termina mal
                                                           muy poco a poco
                                                           y si no termina se contamina mal 
                                                           y eso se cubre de polvo 

.  . . Y tú lo sabes choche!

El escenario ya era de Andrés. Nosotros solo éramos una especie de títeres que manejaba a su antojo. Cualquier misiva al corazón que mandara íbamos a responder a voz en cuello. A esta hora de la noche él hacía lo que quería con nosotros. Nos mandaba una canción 'filin', cantábamos; una canción 'tonera', bailábamos; una canción nueva, balbuceábamos. El Salmón nos tenía en sus manos. Iba y venía del escenario. Se despedía cada cierta tanta de canciones pero para los que vamos a conciertos a cada rato sabemos que eso es parte del espectáculo y que por ende tenemos Calamaro para rato.

Oscuro total nuevamente y Me arde. ¡Me arde, me está quemando que no estés acá conmigo choche!  pero estaba en un "Carnaval de Brasil", como dice la letra, rodeada de miles de hinchas a pesar de estar sola.

                                                        Sé que me equivoco muchas veces 

                                                         y sé que a veces tengo razón 

                                                  y otras veces fui culpable de una gran equivocación. 

                                                   No sé si el destino sostiene el timón de mi vida 

                                                    pero va en dirección prohibida en el túnel del amor. 
                                                       No sé si prefiero días iguales o días distintos 
                                                      ya guardé mi instinto asesino en un cajón. 
                                                        No voy a tomar la ruta de los sacrificios 
                                                             prefiero el vicio, la música y el amor. 

!Choche! Te la perdiste . . . pero a mi lado!  Temón. 12:40 de la noche y ya no tenía voz. En esta canción alcé la chela, bailé me saqué la remera, como diría un argentino, y la levanté al aire. Esta canción, tú sabes, es parte del soundtrack de la vida. Con la poca voz que me quedaba terminé de romper todas las cuerdas vocales. Cuando vino "Estadio Azteca" ya no me salía nada a pesar del esfuerzo. ¡Dos chelas más! A pesar que esté carísima la lata. A pesar que no me guste me guste esta cerveza y prefiera una Pilsen. A pesar que viva lejos y me la pegue. A pesar que no estés aquí. . . o tal vez sí. 

                                                            te quiero pero te llevaste la flor
                                                              y  me dejaste el florero
                                                          te quiero me dejaste la ceniza
                                                            y te llevaste el cenicero
                                                         te quiero pero te llevaste marzo
                                                            y te rendiste en febrero
                                                                 primero te quiero igual

No sé si estoy despierto o tengo los ojos abiertos solo sé que estoy frente al Salmón siguiendo su difícil dirección y post concierto no sé donde terminaré pero no será en el mar porque no me excita cagar en el mar. Aunque si me llamas quiero ser la única que te muerda la boca y que me dejes que te cierre esta noche los ojos y mañana vendré con un cigarro a la cama porque no tengo más intenciones que seguir bebiendo de esta copa que no esta tan rota.  Temón ¿ no?

Choche ya no jalo. El concierto está  buenísimo hasta el momento pero no tanto como los últimos dos. Tal vez no lo estoy disfrutando tanto porque no estás aquí o porque mañana tengo que chambear y no la puedo recontra hacer o porque sé que Andrelo no se mandara con ninguna caleta. Esas que nos gustan a ti y a mí. 


 Quiero  vivir dos veces porque este concierto lo volvería a vivir miles de veces. "Paloma" fue casi la estocada final de Calamaro al público. ¡Carajo! Aún me veo ahí en la explanada sin voz, con una chela y un porro a punto de irme al diablo pero a la mierda, al final, me fui al diablo. He visto al Salmón dos veces antes pero esta tercera oportunidad es especial. Tú sabes porqué choche. Este concierto fue la catarsis total. Se lo agradezco y te lo agradezco. Prometo contarte todo el orden de las canciones y si lo cuelgan en Youtube, juro me pongo las chelas para revivir ese jueves de octubre choche!

"Alta suciedad", "Los Chicos" y "De música ligera" de Soda cerraron la velada. Esta vez por más que estábamos con el Olé Olé Andrelo y su banda no salió más. Fue un excelente concierto. Una noche de Victoria, Soledad y Andrés.

Hoy no hay voz pero sí una gran sonrisa a pesar de todo. ¡Larga vida al Rey Salmón! ¡Larga vida a sus letras! porque él es como el amigo incondicional que tiene las palabras precisar para un momento de desamor, alcoholismo y rocanrol. 







martes, 15 de octubre de 2013

DE CERVANTES A BARRANCO EN 20 MINUTOS




"Se me hacía tarde ya me iba, siempre se hace tarde en la ciudad". El reloj daba las 10 de la mañana en el paradero de mi casa y tenía que estar en Barranco a las 10 y 30. Pasaban miles de carros pero ninguno iba a mi lugar. El carro de la línea 29 (blanco con celeste) se estaba haciendo de rogar peor que flaca indignada. Son más de las diez y suena en el mp3 "Al pasar de las horas" de Mar de copas que irónico. A lo lejos se ve por fin que llega el maldito carro. Subo. Me siento EN LA PARTE DE ADELANTE del bus, al costado del chofer. Este es un gordito bonachón que de rato en rato saca su cabeza por la ventada haciéndola de cobrador. Todo Arequipa, Miraflores, Óvalo.


Son las 10 y 8 y aún estamos en el cruce de 28 de Julio con la Av. Arequipa. No llegaré a Barranco en veinte minutos jamás; sin embargo, el gordito bonachón me hizo cambiar de idea a penas se apoderó de la Av. Arequipa y pisó el acelerador. En ese momento casi salgo volando por la ventana ya que para mi mala suerte, no solo había salido tarde sino que el cinturón de seguridad estaba ahí de puro adorno. Srta. puede ponerse el cinturón por encima nomás, por favor, es que sino me ponen papeleta, me dijo el fercho con una mirada cómplice y agarrando el timón con una sola mano.

El `fercho` no respetaba los semáforos, iba a mil por hora. Su premura en la pista me convenía por eso no dije nada a comparación de la demás gente que iba quejándose a cada frenada en seco de nuestro fercho. Por un momento pensé en que ese bus podía chocarse y yo salir disparada por la ventana. Morir aquí y ahora. Mi morbosa mente empezó a maquinar posibles titulares de prensa chicha de lo que sería este accidente y eso me distrajo del peligro que podía estar pasando.

- Mionca choca en la Av. Arequipa  y chibola sale disparada por la luna

- Fercho loco mata a estudiante de periodismo en la Av. Arequipa

- Chibola de universidad pituca salió como superman de la  ventana de combi asesina y muere al instante.

10 y 17. Mientras mi cabeza pensaba en los titulares de lo que sería mi muerte ya estábamos en Larcomar. Este choche realmente había volado toda la Av. Arequipa. Pasamos la iglesia que está al costado del KFC de Miraflores y el gordito se persigno tres veces. Yo me persigno como cien veces al día porque paso por miles de iglesias todo el día. Es Dios y mi Señor de Muruhuay  quienes me cuidan en mis correteos sino ya estaría en la otra. No se preocupe, le dije, estoy acostumbrada a estar en un tránsito perpetuo, soy una pasajera en trance de todas las combis asesinas de Lima caótica, angustiada y sórdida. 

                              -Gracias, paradero baja

                           10:30 Barranco, Lima Perú







miércoles, 11 de septiembre de 2013

HOY. . .





Hoy entierran a Kemoly en Piura.
Hoy iré al concierto de Fito por chamba.
Hoy se cumplen doce años del atentado a  Las Torres Gemelas.
Hoy es cumpleaños de mi otra abuela.
Hoy murió Peter Tosh.
Hoy me di cuenta que he subido tres kilos demás.
Hoy son diez años del concierto de Charly García, el más grande, en el Círculo Militar.
Hoy hay sol en la ciudad.
Hoy una buena amiga me dijo que a pesar de la "mala suerte" que me acompaña siempre me pasan cosas buenas.

"Hoy, el concierto de hoy, es un regalo de la viejita". Gracias Bro.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Adiós



Cuando me dijeron que vendrías a Lima, que vivirías en mi casa y que te quedarías en mi cuarto te rechacé, me molesté y me revelé. El abuelo acababa de fallecer y tú vendrías a pasar una temporada por acá. Cuando llegaste a penas y te saludé. Eras una viejita de pelo negro y canoso a la vez. Ese día  de agosto era la segunda vez que te veía en mis dieciséis años. Me saludaste con una enorme sonrisa y un abrazo fuerte  como si me conocieras de siempre y yo ni si quiera abrí los brazos para corresponder a tu muestra de cariño. Trajiste frutas, trajiste dulces, trajiste comida, trajiste a todos tus Santos y sobre todo una botella de cañazo para por lo menos un mes.

Mi cuarto, el más grande de la casa, te esperaba pero yo me negaba. Ya no había una sola cama sino dos. A partir de ese día de agosto mi cuarto nunca dejó de tener dos camas. Hoy aún siguen  ahí. Yo ocupo la mía pero tu cama está vacía esperando por ti. Recuerdo las primeras noches cuando empezamos a ser `Roomates` yo ponía mi música a todo volumen y abría la ventana de par en par para molestarte, para que te cambiaras de cuarto y sobre todo para que te fueras. Sin embargo nunca te quejaste, al contrario, te acercabas a preguntarme que grupo extraño estaba oyendo o me decías que me abrigara más para que no me vaya a enfermar. Si te gusta tener tus ventanas abiertas abrígate que te vas a enfermar yo tengo como cinco chompas encima a mi nada me pasará. Creo que en el fondo sabías que lo hacía por molestarte pero sabías por dónde darme.

Y así pasaron los días y cada cosa que yo te hacía tú siempre respondías con una flor. Odiabas la televisión pero te ponías a ver el programa conmigo para hacerme compañía, no me gustaban tus comidas y algo le hacías que luego terminaba comiéndome mil platos, dormía destapaba encima de la cama y por la mañana amanecía bien arropada entre mantas. Querías ganarme la absurda batalla que yo había creado en mi cabeza, querías que yo te quiera y así lo empecé a hacer. Poco a poco me daban más ganas de pasar más tiempo contigo, de conocerte, de abrazarte, de cuidarte, de engreírte, de dormir juntas, de ir de paseo, de llevarte a misa un domingo a pesar de que me haya ido de juerga la noche anterior. Yo solo buscaba complacerte en todo lo que quisieras porque te habías empezado a convertir en mi persona favorita, en mi cómplice, en mi amiga … en mi abuelita.

Cada vez que regresabas a Piura dejabas un vacío enorme en la casa y sobre todo en mi cuarto pero tu cama nunca la desarmaba porque sabía que regresarías. Cuando volvías siempre había fiesta en la cocina y todos los que habíamos estado esperando tu regreso con ansias éramos felices.

Hoy me enteré que nunca más vas a regresar, hoy sé que nunca más te volveré a abrazar. Hoy es la primera vez que siento la pena de una muerte. Tú sabes hasta el momento que nadie a quien yo haya querido se me había ido y ahora lo estoy viviendo contigo. Hace unos días nos reencontramos ¿te acuerdas? Después de tres años sin vernos el sábado te metiste en mis sueños y estábamos conversando en nuestro cuarto. Te estabas despidiendo de mi abuela linda. Hasta el final de tus días te acordaste de mí como yo siempre lo hago. Toda la gente que me conoce, los más cercanos, los amigos de verdad, saben lo que tú fuiste,   eres y serás en mi vida.

Viejita mía, ya estás por fin con el abuelo, a quien no conocí tanto como a ti. Estás con tu compañero de toda la vida con el que te casaste a los quince años y con quien tuviste cuatro hijos de la cual una es mi madre y a la que en estos momentos no puedo abrazar y llorar juntas tu partida porque está velándote en tierras norteñas.

La muerte es una amante despechada
que juega sucio y no sabe perder.

Hoy hay sol en Lima pero es un día de invierno para todos los que te queremos. Lamento no poder estar contigo en estos momentos y darte el último adiós. Quisiera ver tu carita de ángel y abrazarte por última vez en mi vida pero Lima me tiene amarrada de pies y cabeza pero sé que te meterás en mis sueños una vez más.

Ya nos vemos pronto Kemoly

Con amor,

Nizé.
 ______________________________________________________________________

-       Abuela no te vaya a morir acá en mi cuarto
-       Ya pues, no lo voy hacer


Y cumpliste tu promesa viejita linda. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

BANDEJA DE ENTRADA



miércoles 03: 17 a.m.

¿Cómo estás?
¿Te va bien?

Espero que sí.

Ayer fui a una fiesta con gente de la Base. Hubo harto trago y hasta ahora no puedo con la resaca. Hace uno días  estuve escuchando el disco que me regalaste de ese tal Charly el día que me fui. Hay una canción que se llama Chipi bom, algo así, y recuerdo que la parabas cantando en verano. Acá estamos en verano también solo que es más insoportable que en Perú. “Imagino que estás preguntándote por qué. Por qué le escribo estas palabras a la chica con la que dejé de hablar hace meses – que eres tú-. No sé. Mentira: si lo  sé. Oye, si no lo hago ahora que estoy  lejos, ¿cuándo podría?"


Paula está embarazada. Nace en octubre y será una nena.

pd: extraño Perú, la playa y a ti.

Besos.


BANDEJA DE SALIDA 


Jueves 10 a.m.

Es Chipi Chipi Bom Bom

Adiós

V.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Lunes





Lunes de periodismo de investigación
Lunes de sol
Lunes de almuerzo solitario en el comedor de letras
Lunes de chamba
Lunes de ti
Lunes de durazno regalado
Lunes de mi
Lunes de harta agua
Lunes de nos
Lunes de Facebook
Lunes de Almuerzo Desnudo
Lunes de sueño
Lunes de cólera
Lunes de poco ejercicio
Lunes de setiembre
Lunes de dudas
Lunes de mierda.

martes, 20 de agosto de 2013

DÍA 1 SIN FACEBOOK

Lunes:
          5:30 de la mañana. Me levanté con la extraña sensación de lo que había hecho el día anterior: Cancelé mi cuenta de´Face`. Fui al gimnasio para hacer la rutina de piernas que tanto me cuesta. Esta me tomó un par de horas en el gym. Regresé con premura a casa porque hoy empezaba otro  ciclo en la Cato. Fui a clases y una vez en el salón prendí la Laptop. Lo primero que hice fue abrir mi correo, revisar una que otra página web para calmar la ansiedad de no activar mi cuenta de Facebook. Quise prestar atención al profesor pero la clase estaba muy aburrida. No había nada interesante. Fueron tres horas interminables que después de larga espera acabaron a la una de la tarde. Luego tenía que ir a la chamba (que está en la misma universidad). Me encuentro con un amigo y le comento de mi nuevo experimento y no duda en decirme: "Vamos a ver cuánto te dura la gracia". No me ayudas le respondí. Llego al trabajo y empiezo avanzar con chamba atrasada. 
         Estoy tranquila. Le comento a mis compañeros que he cerrado mi `Face` pero no hay mayor impacto. El día se tornaba normal y no había mucha ansiedad hasta que llegó el momento en que me quedé sola en la oficina. Puse música para distraerme y no funcionó. Abrí el periódico y nada. Absolutamente nada me parecía interesante. A partir de las tres de la tarde empecé a sentirme como un drogadicto en rehabilitación que necesitaba un poco de coca para estar en paz. La ansiedad me mataba y no pude más. Abrí la página de Facebook. Mi correo estaba ahí esperando a que solo le ponga la clave y le de Enter. Ya fue, voy a entrar. . . Con el dedo a punto de teclear mi fuerza de voluntad me detuvo. Miento. Fue un sonidito del Skype el que evitó que reabra mi cuenta de `Face`. Un amigo me estaba hablando. Es que para no estar tan desconectada decidí activar mi Skype para así hablar con mis tres contactos que son gente muy allegada. Daniel me había dejado un mensaje. Me estaba hablando. Le comenté la ansiedad que tenía en ese momento. A lo que él respondió que me dejara de vainas y que lo abra, que si voy a estar así no tiene sentido. Pero eso es lo que quiero vencer, le comenté. Esas ganas locas de estar hueveando en el Facebook. ¡Ayúdame! Daniel agarró su guitarra y empezó a cantar canciones de Cerati, Charly y Calamaro. Cantamos juntos un buen rato vía skype hasta que se me pasó la ansiedad. 
           Me fui de la chamba a mi casa pero en el camino me encontré con unos patas. Me distraje más. Llegué a la jato como a las siete de la noche. Cené y no tuve ganas de entrar al Facebook. Vi dos películas: Amour, pela francesa que la había dejado a la mitad hace tiempo; y El Cuarto de Leo, una pela argenta que encontré en el Youtube. Así me dieron las doce de la noche. Programé la alarma del celular para que suene a las 5:30 y me fui a dormir sin mucha ansiedad pero con un poco de goce de haber vencido el Día 1 sin Facebook.
          

miércoles, 7 de agosto de 2013

LA CONVIVENCIA




“Duerme,
Apaga la luz,
Baja el volumen de la radio,
Te toca limpiar el baño,
Alcánzame esto, aquello, el otro,
Saca a Toby,
Puedes chequear esto en tu PC,
Ya no paras en la casa,
Seguro fuiste tú,
Tiende tu cama,
Cierra la ventana,
Así no se barre,
Pero ¿por qué no entiendes?”

Pues sí. Ese es el estribillo de todos los días en casa. Soy desordenada, despistada y me olvido constantemente de las cosas. Vivo con los viejos, una hermana y Toby. No suelo poner cara de tragedia cuando me reclaman o me resondran por algo y, al parecer, para ellos, esa reacción es preocupante. Mi desorganización y  actitud ha alarmado a mi familia. No me soportan más y yo menos. Con esto no quiero decir que no los quiera, al contrario, los adoro, y sé que ellos a mí pero creo que el espacio ha comenzado a quedar chico a pesar de tener un cuarto grande y espacioso en el que, lamentablemente, a veces, me ahogo.

Quiero ser un expatriado
Sin tener que hacer un rumbo
sin la brújula, un segundo

¡La paro cagando!

Mi nombre suena a cada segundo en una casa de color crema del Jr. Cervantes. De día, noche o madrugada. Mi nombre nunca descansa. Insisto. ¡La cago! ¡La cago constantemente! No hago las cosas bien y por eso me persigue la mala suerte. La busco inconsciente y conscientemente a veces. Soy terca y floja. Soy terca y mala. Soy terca y confiada. Soy terca e insegura. Soy terca y olvidadiza. Soy terca y mil veces terca y floja. Floja. Terca. Floja. Terca. Floja. Terca. Terca, floja, olvidadiza y sobre todo insegura. Terca e insegura. Floja e insegura. Por eso mi nombre no deja de sonar en casa.

¡Victoooooooooooooooriaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!


Mi nombre se escucha en casa tanto o igual como el del  pequeño Juan Diego que conocí una vez en Lomas de Lachay un día de campamento. 

miércoles, 24 de julio de 2013

Cementerio Presbítero Maestro: Una noche de historia, miedo y misterio



Ir al Cementerio Presbítero Matías Maestro significa hacer un recorrido histórico además de tenebroso. Está ubicado en Barrios Altos desde 1808 y lleva el nombre de su diseñador. Desde entonces, ahí descansan los restos de hombres y mujeres que formaron parte de nuestra historia peruana como Ciro Alegría, José Santos Chocano, Alfonso Ugarte, Andrés Abelino Cáceres, etc. Este camposanto cuenta con 766 mausoleos y 92 monumentos históricos. Algunos se logran ver desde a fuera. Su refinada arquitectura se impone de noche y nos hace saber que hemos llegado.

 ¡Flores! ¡Flores! Es lo primero que escuchas al bajar del carro. Son los vendedores de flores los encargados de darte una bienvenida desesperada y abrumadora, casi al punto de secuestrarte para que les compres un par de rosas. Cinco flores por diez soles y te las doy con lluvia. Cinco claveles y te regalo un cartucho. Anímate amiguita y te las doy en bolsa.  A las a fueras del cementerio todos se pelean por los clientes. En esta atmósfera no se respira miedo sino competencia.

Las calles están oscuras, es solo ese pequeño mercadillo de flores  y las luces de los carros que pasan por la pista los que iluminan esta enorme cuadra. Estoy entre dos cementerios, uno igual de aterrador que el otro. El cementerio El Ángel es tan imponente como el Presbítero Maestro. Con dos flores amarillas que compré en el puesto de Yulissa, un travesti que trabaja ahí desde que tenía el pelo corto y de color negro, me dirijo hacia el Presbítero.

Son pocas las personas que van a esta hora de la noche al cementerio pero al menos hay mucho más gente de la que imaginé. Hay grupos que han pagado por las visitas guiadas y esperan en la puerta entusiastas. Hay gente que entra y sale, son los cuidadores y los encargados de la limpieza del lugar. Estoy sola frente a este gran gigante y quiero hablarle a cualquiera para decirle que me acompañe a dar una `vueltecita` pero no puedo articular palabra alguna. Tengo miedo, me quiero ir y aún estoy en la puerta.

Se acerca el vigilante para decirme que son cuarenta soles para acceder a una visita guiada. Mi bolsillo no llega ni a diez soles. Aquellas palabras del vigilante eran la excusa  perfecta para irme de este oscuro y terrorífico cementerio; sin embargo, en contra de mi miedo extremo, apelé a su caridad. Está bien señorita pase pero tenga cuidado, acá la gente entra en grupo para que no se pierdan. No tome fotos porque está prohibido. Ve el pánico en mis ojos pero no me advierte más.

Aquí la noche es más noche que nunca. Respiro y trato de darme fuerzas. Apago mi mp3 porque hoy hasta la voz de Morrisey me asusta. La primera tumba que me recibe es la de Luis Sánchez Cerro, ex Presidente Constitucional del Perú en 1930. Hay una mano de piedra que cubre el nombre y encima de esta está la estatua de una mujer cargando a un hombre tendido sobre sus piernas. Alrededor de Sánchez Cerro hay tumbas pequeñas pero con cruces sobresalientes en cada una de ellas. Todas son oscuras y tenebrosas.

 Las estatuas aterran a todos los que estamos en este cementerio. El camino hacia adelante es largo por recorrer. Entre nichos, monumentos, criptas familiares, espíritus y almas el Presbítero Maestro nos da la bienvenida a una noche de efectos paranormales., misterio y mitos urbanos.

No cabe tanto miedo en mi cuerpo. No quiero mirar atrás, ni a los costados, ni a ningún lado porque  el panorama solo tiene tumbas oscuras, puertas gigantes, ángeles con caras diabólicas, muertos bajo tierra y pánico desenfrenado en toda la atmósfera. No te salvas ni teniendo los ojos cerrados porque las imágenes se te revelarán.

Avanzando insegura y a paso rápido para terminar este recorrido cuanto antes; sin embargo me detengo en el Mausoleo de Pedro de Osma y Pardo por unos segundos. La puerta es de color verde oscuro  está encadenada con un gran candado que sobre sale.. No me atrevo a bajar los escalones y acercarme a la reja pero desde mi lugar logro ver nichos adentro con varios nombres  que no me atrevo a leer de cerca. No quiero. No puedo. Voy por el mismo sendero y ahora encuentro poesía. Estoy frente a la tumba de Ricardo Palma. Su busto está sobre ella y por a fuera sobresale la forma del cajón cubierto en piedra negra. Hay un par de rosas marchitas en su nicho así que dejé una de mis flores amarillas para que le hagan compañía.

 Quiero ir donde están las tumbas de los niños. Quiero conocer el nicho del niño Ricardito que es una especie de Santo en el Presbítero maestro, al que miles de personas van a visitar con devoción para pedirle un milagro. Yo quiero pedirle que me quite el miedo en estos momentos. Aún falta para llegar a ese pabellón pues estoy aún rodeada de mausoleos y monumentos.

Hay gente a mi alrededor con sus respectivos guías pero solo pasan por mi costado. Están muy animados a pesar del miedo. Se toman fotos y algunos se atreven a hacer bromas entre ellos. Una mujer es la guía que dirige al grupo. Se sabe la historia y conoce cada rincón del gigante Presbítero Maestro. Hace frío y el viento sopla muy fuerte. Aquí cualquier ruido pequeño parece estruendoso y te pone en sobresalto. Nadie se atreve a mirar atrás. Nadie se quiere quedar solo de noche en esta lóbrega y misteriosa morada que alberga muchas almas entre niños y adultos.

Quiero ir hacia al fondo pero siento que algo me detiene. Es el dolor de barriga,  las ganas de vomitar y la sensación de que hay alguien detrás las que no me dejan avanzar. Me quiero ir pero no me atrevo ni a retroceder. No puedo correr. Las miradas lamentosas y terroríficas de las estatuas gigantes de ángeles y mujeres  me tienen al borde del desmayo. Siento el miedo puro en el cuerpo, en las venas. Sudo y tengo el corazón acelerado. Siento sonidos extraños en mis oídos y un olor fétido en el aire. Estoy empezando a alterarme más de lo que pensé. Realmente a este tipo de lugares no puedes venir solo si eres débil como yo.

De casualidad, entre las tumbas con cruces gigantes encuentro a un señor que está con un trapo en el hombro y cargando un balde. Lleva puesto un gorro negro, un chaleco azul con bolsillos como si fuera uniforme y un pantalón de buzo. Le pregunto en qué parte está el pabellón de niños. En el pabellón cuatro señorita pero de aquí se va a perder. Está muy al fondo. Él se llama César y lleva unos cinco años trabajando en el cementerio. Vive en Villa María del Triunfo y cubre el horario de la tarde. Ya no tiene miedo estar solo en alguno de los pabellones de noche ni a los ruidos extraños. Me cuenta que ha escuchado quejidos de mujeres pidiendo auxilio y risas de niños; sin embargo, está casi acostumbrado a esos fenómenos paranormales. Al principio tenía miedo. La primera vez que escuché un quejido me fui corriendo hasta la puerta y no quise regresar más pero la necesidad es la que manda. Además yo soy hombre y los hombres no tienen miedo por qué cree que no hay ninguna mujer trabajando acá.

 Aprovecho la soltura de César para pedirle que me acompañe hasta donde están las tumbas de los niños. Él acepta. Bajamos unos escalones que son una especie de división entre mausoleos y tumbas del Presbítero. Doblamos hacia la izquierda y nos chocamos con miles de paredes pintadas de blanco donde están los nichos. En este lugar siento que las rodillas se me doblan y no quiero avanzar más. Le pido a César que por favor no se separe de mí y que hiciéramos el recorrido rápido. Que ya no quiero ver al tal Ricardito milagroso y que me dirija hacia la puerta. Si gusta regresamos señorita pero aquí no pasa nada, además hay gente a nuestro alrededor en el tour con los guías.


Es cierto, hay gente que de alguna manera nos hace compañía. Usted no ha debido de venirse sola, se puede traumar o perderse. Hay gente que sale loca del miedo por eso es bueno pagar al guía.

Este pabellón es el de los recuerdos. Todas las lápidas tienen frases como “El día que dejen de recordarme, moriré”, “Nunca te olvidaremos”, “Descansa en paz, tú familia siempre te recordará”, “Aquí descansa…”, “A mi hijo…”, “Siempre estarás con nosotros”, etc. Así es, estamos por fin en el área de los niños, el de los `angelitos` como algunas personas llaman a los niños fallecidos. Acá yacen los cuerpos de niños de tres años, dos, uno. De fetos que ni si quiera nacieron, de recién nacidos y de bebés que solo vivieron algunos días. Hay juguetes colgando de algunos nichos. Unos son fallecidos actuales y otros son de mil ochocientos. La mayoría de lápidas tienen arreglos florales y juguetes colgados. A comparación de las otras tumbas, estas sí tienen flores frescas y coloridas. Damos algunas vueltas por aquellos pabellones y dos enormes Gallinazos nos sorprenden. Son aves de color negro intenso y de mirada fija. Dan una sensación de miedo y frío. Ambos están al acecho, miran de un lado a otro y abren la boca de cuando en cuando.

 La noche se mantiene muy fría o tal vez es el miedo el que no me deja entrar en calor aún. Con César recorro otros pabellones, regresamos a los grandes mausoleos. Pasamos por la morada donde descansan a los restos de Daniel Alcides Carrión, enterrado como un mártir de la medicina; por la de José Carlos Mariátegui, cuya lápida gigante de piedra de forma triangular tiene escrita la siguiente frase: “¿Sabéis quién es Mariátegui? Pues bien, es una nueva luz de América. El prototipo del nuevo hombre americano”. Por la de José Santos Chocano, quien está enterrado de pie. Entre los nichos está la tumba de Rosa Merino, solitaria y sin flores que la acompañen. Acá hay muchos héroes y personajes de la historia. La gente siempre viene acá para verlos. Hay una cripta donde están Miguel Grau y Alfonso Ugarte pero para entrar ahí hay que pagar y son por fechas. Aquí hasta las plantas que son inofensivas te asustan, nada sosiega el miedo. Nada.

Estamos al otro lado del cementerio y César me está haciendo de guía. Lleva cuarenta  años encima y tiene una esposa y un hijo que lo esperan en casa todas las noches, ansiosos para oír otra historia paranormal. Es Natural de Ayacucho y vino a Lima con toda su familia en los años ochenta en la época de la violencia cuando solo tenía trece años. Allá no se podía hacer nada. Recuerdo que mi mamá siempre vivía asustada porque mi viejito siempre salía a trabajar a la ciudad. Nosotros vivíamos en Luricocha y mi papá trabajaba en Huanta con su compadre. Felizmente nunca fuimos víctimas directas de los terrucos pero sí nos afectaba porque escuchábamos que todos los días moría alguien, que se llevaban el ganado o la cosecha. Eso sí era miedo pudo porque te podían matar en cambio acá, los muertos, muertos están. Ya no tenga miedo amiguita.

Son las ocho y media de la noche y bajo el manto oscuro de la noche  hay grupos dispersos por todo el Presbítero. El murmullo se siente. A lo lejos hay más estatuas gigantes de color negro, granito y hueso. Algunas son de mujeres desnudas con cara de lamento  como llorando a un ser querido muerto. El sentimiento se refleja claramente en sus rostros dañados por el tiempo. Hay ángeles con una combinación de mirada diabólica que da la impresión de que estuvieran vigilando cada uno de tus pasos intrusos como si tu presencia les molestase. Sus alas están abiertas y es la tierra la que cubre sus imponentes cuerpos. Estas estatuas acompañan algunas tumbas de familias adineradas me cuenta César.

Otra vez estamos por otro pabellón de nichos. Algunos están vacíos a la espera de nuevos cuerpos sin vida. Este es el pabellón con tumbas disponibles. Yo he limpiado hoy esta área. El pintor las pintó hace unos días, todavía se siente el olor.  Yo solo siento olor a muerto, a miedo a antiguo. Mira allá en ese pabellón está el niño Ricardito. De la estatua de aquel niño cuelgan muchas flores frescas de diversos colores y a comparación de los mausoleos y la demás arquitectura está impecable.  Las personas vienen y le rezan todos los días, le dejan flores, le cantan canciones, le traen ofrendas y lo limpian. Dicen que es milagroso que cura enfermedades y les cumple todo lo que le piden. Ricardito murió a los siete años de una enfermedad de la época. Fue el sarampión o la varicela, no se sabe exactamente que llevó a la muerte a Ricardito.  Actualmente sus restos descansan en paz junto al de su padre y su abuelo desde 1888.

Mi segunda flor amarilla la dejo donde Ricardo pero con el miedo se me olvidó pedirle un milagrito. Entre tumbas y sonidos extraños seguimos avanzando. No quiero voltear a mirar atrás pero es inevitable que no lo haga. Estamos en un lugar donde dominan los que se fueron al más allá. Aquí los vivos no tienen lugar, somos intrusos, incluso César que trabaja años acá. El mínimo error podría costarnos, en el mejor de los casos, un susto, y en el peor, un paro cardíaco. Debemos respetar a los muertos. No debemos molestarnos. Somos los otros en esta gran ciudad.

Poco a poco vamos llegando a la puerta y me siento un poco valiente. Ya no tengo los  músculos contraídos ni duros, paradójicamente, siento que mi alma  regresa al cuerpo. Las revoluciones del corazón van bajando así cuando se tiene esa sensación de que te va pasando el susto. Volteo para darle las gracias a César por la compañía pero el ya no está. Lo busco  alrededor y no veo a nadie. Desapareció, se esfumó. ¿A caso César estaba muerto? ¿Se fue muy rápido? ¿Era un alma? ¿Un fantasma? . . . haya sido lo que haya sido solo sé que esa noche fue un ángel. No miré atrás y salí del lugar.

A fuera, la situación es otra. En esta larga y oscura cuadra 16 del Jr. Ancash ya no debemos cuidarnos de los muertos, sino de los vivos. Entre rateros, vagabundos y floristas desesperados, la gente va desalojando el Presbítero Maestro y dejando a las almas  a que descansen en paz. Ojalá algún día pueda regresar a dejar crisantemos a este cementerio.










martes, 16 de julio de 2013

ENTRE GATOS Y PUTAS





Son las 11 de la noche y el patrullero de Serenazgo disminuye la velocidad. Se estaciona frente a los tres prostíbulos que funcionan bajo fachada de hoteles turísticos ubicados en la cuadra 4 de  Miguel de Cervantes, la calle donde vivo. Es invierno y hoy hay neblina pero ellas, las putas, no tienen frío. Los gatos tampoco. Llueve y  esta nos moja a todos por igual en esta cuadra de la av. 28 de Julio. Putas, cafichos, parroquianos, taxistas, los gatos y yo empezamos a recibir gotas de agua en la cabeza y en el rostro y el vapor nos sale por la boca. El viento es insoportable y todo el movimiento de esta parte de Lima rosa combina armoniosamente con el coro gatuno de esta noche.

-"¿Hola, cuánto por el servicio?", pregunta un cliente.
-"Veinte soles. Servicio normal. Incluye cuarto, poses y chupadita, mi amor".
-"¿Y  dónde está el telo?"
-"Acá cerca, donde está el patrullero. Ahorita se va, no te preocupes. Hay que esperar un ratito papi”, responde ella sacando con la punta de sus tacos a un gato entrometido que merodea por su lado, por Cervantes. Su esquina, su centro de trabajo. Mi ex calle.

La prostitución camina libremente por mi cuadra hace algunos meses. En cada esquina se muestran desinhibidas, con su perfume de pacotilla y  con un precio fijo para toda la pandilla. Sin embargo, los gatos llegaron en manada un tiempo antes que ellas.  Los encontraba en una ventana, en la puerta de una casa, tras la mampara de un edificio, encima de un carro, entre los arbustos, etc. Cuando me di cuenta de esta primera invasión y salía de noche me asustaba encontrarme con un minino en el camino. Me aterraban sus ojos brillantes, sus maullidos, los gritos escalofriantes de alguna gata que estaba siendo penetrada por un gato atrevido y sus miles de características. Pero con el tiempo aprendí a vivir con sus sombras que me enseñaban un baile y unos versos sobre estos gatos de bronce.

Se para un Taxi en plena lluvia y unas piernas largas cubiertas por una diminuta minifalda van a su alcance. No hay negocio. No hay un intercambio de palabras ni coqueteo. Ella se sube inmediatamente y el carro se estaciona en sentido contrario en Cervantes. El caficho los espera en una esquina y se acerca a ellos. Hablan menos de treinta segundos y este va inmediatamente al Hotel de la esquina. Ella baja del taxi con sus enormes zapatos de plataforma. Apretada y sensual no deja la cartera para nada. Son solo quince minutos de placer y salen como si nada. Si te veo no te conocí. Debe de ser como me dijo Pamela, alguna vez, una prostituta que entrevisté. Esto es un negocio. No sientes. No te enamoras. Los clientes te tratan como se les da la gana. No les importa si te hacen sentir bien o mal. Al final algunos y te botan. Yo solo cobro y me voy, tampoco me interesa. Hasta ahora recuerdo sus palabras experimentadas bajo un dejo charapa.

La oscuridad, la noche, el viento y la llovizna no ahuyentan a las putas de mi casa. Tampoco a los gatos. No es un viernes sangriento, sin embargo hay harto movimiento. Pues sí ellas entran en la noche, ellas suben al coche y están preparadas a todo. Los gatos las vigilan con sus ojos luminosos y brillantes. Los gatos tienen un lugar, una parcela, un pedazo de vereda en Cervantes que han hecho suyo al igual que ellas.

Llueve y es lunes. Parroquianos, cafichos y serenazgos esperan la noche para ir a la esquina del movimiento. A la nueva Lima rosa. Vivo entre gatos y putas hace meses y, hoy, en invierno.

miércoles, 10 de julio de 2013

1988: 25 AÑOS DESPUÉS

Hace unos días me entró la curiosidad y le pregunté a mamá en qué mes había sido procreada si nací en julio. Los colores se le subieron al rostro, sonrío avergonzada y me dijo: Resta pues ocurrente. Sacando cálculos eso significa que fue un octubre del 87 el mes en que a mis viejos mandaron al diablo los anticonceptivos. Quise preguntarle el lugar, la hora y en qué circunstancias  `me hicieron` pero antes de que la siga interrogando la vieja ya había desaparecido. Tampoco le puedo exigir mucho, ella aún se paltea con esos temas a comparación de mi viejo. Y es que eso es lo extraño de su unión. Siempre me pregunto cómo un borracho, juerguero barranquino se enamoró de una piuranita con rosario en mano, pero esa ya es otra historia. Ahora quiero regresar a mis primeras causas, al origen.

La vieja dice que nací a las tres de la mañana. Naciste a las tres de la mañana, a la hora del diablo, del anticristo. ¡Carajo! Cómo me hiciste sufrir pedacito de gente. No querías salir. Te habías atrancado ahí adentro y por más que los doctores hacían todo por sacarte tú nada. ¡Valora los dolores de tu madre! Tú que no tiendes ni tu cama y ni limpias el baño malcriada. Pues sí, nací un 10 de julio del año 88 en el Hospital Rebagliati un viernes a las  3 A.M. (como la canción de Serú Girán) con 0.53 centímetros y pesando tres kilos ochocientos. La vieja dice que parecía un perro flaco. ¡Qué linda ella! Como ven de la inocente piuranita ya no queda nada. La Lima la contaminó. Sin embargo, se alegró mucho al tenerme por primera vez  entre sus brazos y ver que no ladraba sino que lloraba y lloraba como bebé poseído.

La primera hija de los casi recién casados había nacido y le pusieron Victoria. Aunque, a veces, en la actualidad, le quede grande el nombre pero esa, también, es otra historia por no decir muchas. . . Soy la primogénita de esta familia y como sabemos todos los hermanos mayores, somos el `ups` de los viejos. Con nosotros aprenden a ser padres por eso los hermanos menores se la llevan fácil. Nosotros somos los conejillos de indias a los que no saben cómo ponerle el pañal, cómo darles el biberón o cómo bañarlos. La vieja dice que la primera vez que me bañaron me hundí en la tina por lo pequeña que era y que parecía un pollo remojado.

También me cuenta que era un bebé jodido, que siempre amé el chocolate y que cuando estaba embarazada de mí lo que más se le antojaba era el vino. Ahora entiendo porque amo tanto ese sagrado trago. Empecé a caminar al año y medio a pesar de que me paraba cayendo, la vieja dice que no era de llorar mucho. Te caías, te tropezabas pero siempre te volvías a levantar con más ganas. Qué tal diferencia con la actualidad. . .  es que de niños somos el Superhombre de Nitzsche, nada nos duele.

Así crecí volando y volé tan deprisa
que hasta mi propia sombra de vista me perdió

Soy Victoria Meneses y siempre me va  gustar bailar la persiana americana, tomar una chela escuchando salsa sensual, decir carajo y comer con cuchara. Soy desordenada y olvidadiza. Me enamoro de todo y me conformo con nada. Estudio periodismo  y no pretendo cagarme en plata. Amo a Toby y a Charly García. Me gusta cocinar y de vez  en cuando intento tocar el piano y pintar. Hago ejercicios y como sano pero me desbando los fines de semana en todos los sentidos. Mi vicio es la música porque lo que no supe en los salones lo aprendí de canciones. Mi enfermedad, los chocolates. Conocí lo que es el sexo y la pasé mejor desde entonces. Me visto de colores.  No soy lo que se dice una señorita y digo muchas lisuras. Odio el cigarro pero me encanta la chela helada. Prefiero el invierno que el verano y si viene con lluvia mejor. A veces pienso que moriré rápido y de la nada porque me gusta viajar en el asiento trasero de los buses pero lo que pasará más adelante conmigo, también es otra historia.

Quiero ser un expatriado
llegar a tiempo y no apurado
sin tener que hacer un rumbo
sin la brújula, un segundo
sin el beso que no dí
 un roedor vagabundo…


Porque 25 años después es mejor decir que callar.