miércoles, 21 de agosto de 2013
martes, 20 de agosto de 2013
DÍA 1 SIN FACEBOOK
Lunes:
5:30 de la mañana. Me levanté con la extraña sensación de lo que había hecho el día anterior: Cancelé mi cuenta de´Face`. Fui al gimnasio para hacer la rutina de piernas que tanto me cuesta. Esta me tomó un par de horas en el gym. Regresé con premura a casa porque hoy empezaba otro ciclo en la Cato. Fui a clases y una vez en el salón prendí la Laptop. Lo primero que hice fue abrir mi correo, revisar una que otra página web para calmar la ansiedad de no activar mi cuenta de Facebook. Quise prestar atención al profesor pero la clase estaba muy aburrida. No había nada interesante. Fueron tres horas interminables que después de larga espera acabaron a la una de la tarde. Luego tenía que ir a la chamba (que está en la misma universidad). Me encuentro con un amigo y le comento de mi nuevo experimento y no duda en decirme: "Vamos a ver cuánto te dura la gracia". No me ayudas le respondí. Llego al trabajo y empiezo avanzar con chamba atrasada.
Estoy tranquila. Le comento a mis compañeros que he cerrado mi `Face` pero no hay mayor impacto. El día se tornaba normal y no había mucha ansiedad hasta que llegó el momento en que me quedé sola en la oficina. Puse música para distraerme y no funcionó. Abrí el periódico y nada. Absolutamente nada me parecía interesante. A partir de las tres de la tarde empecé a sentirme como un drogadicto en rehabilitación que necesitaba un poco de coca para estar en paz. La ansiedad me mataba y no pude más. Abrí la página de Facebook. Mi correo estaba ahí esperando a que solo le ponga la clave y le de Enter. Ya fue, voy a entrar. . . Con el dedo a punto de teclear mi fuerza de voluntad me detuvo. Miento. Fue un sonidito del Skype el que evitó que reabra mi cuenta de `Face`. Un amigo me estaba hablando. Es que para no estar tan desconectada decidí activar mi Skype para así hablar con mis tres contactos que son gente muy allegada. Daniel me había dejado un mensaje. Me estaba hablando. Le comenté la ansiedad que tenía en ese momento. A lo que él respondió que me dejara de vainas y que lo abra, que si voy a estar así no tiene sentido. Pero eso es lo que quiero vencer, le comenté. Esas ganas locas de estar hueveando en el Facebook. ¡Ayúdame! Daniel agarró su guitarra y empezó a cantar canciones de Cerati, Charly y Calamaro. Cantamos juntos un buen rato vía skype hasta que se me pasó la ansiedad.
Me fui de la chamba a mi casa pero en el camino me encontré con unos patas. Me distraje más. Llegué a la jato como a las siete de la noche. Cené y no tuve ganas de entrar al Facebook. Vi dos películas: Amour, pela francesa que la había dejado a la mitad hace tiempo; y El Cuarto de Leo, una pela argenta que encontré en el Youtube. Así me dieron las doce de la noche. Programé la alarma del celular para que suene a las 5:30 y me fui a dormir sin mucha ansiedad pero con un poco de goce de haber vencido el Día 1 sin Facebook.
miércoles, 7 de agosto de 2013
LA CONVIVENCIA
“Duerme,
Apaga la luz,
Baja el volumen de la radio,
Te toca limpiar el baño,
Alcánzame esto, aquello, el otro,
Saca a Toby,
Puedes chequear esto en tu PC,
Ya no paras en la casa,
Seguro fuiste tú,
Tiende tu cama,
Cierra la ventana,
Así no se barre,
Pero ¿por qué no entiendes?”
Pues
sí. Ese es el estribillo de todos los días en casa. Soy desordenada, despistada
y me olvido constantemente de las cosas. Vivo con los viejos, una hermana y
Toby. No suelo poner cara de tragedia cuando me reclaman o me resondran por
algo y, al parecer, para ellos, esa reacción es preocupante. Mi desorganización
y actitud ha alarmado a mi familia. No me
soportan más y yo menos. Con esto no quiero decir que no los quiera, al
contrario, los adoro, y sé que ellos a mí pero creo que el espacio ha comenzado
a quedar chico a pesar de tener un cuarto grande y espacioso en el que,
lamentablemente, a veces, me ahogo.
Quiero ser un expatriado
Sin tener que hacer un rumbo
sin la brújula, un segundo
¡La
paro cagando!
Mi
nombre suena a cada segundo en una casa de color crema del Jr. Cervantes. De
día, noche o madrugada. Mi nombre nunca descansa. Insisto. ¡La cago! ¡La cago
constantemente! No hago las cosas bien y por eso me persigue la mala suerte. La
busco inconsciente y conscientemente a veces. Soy terca y floja. Soy terca y
mala. Soy terca y confiada. Soy terca e insegura. Soy terca y olvidadiza. Soy
terca y mil veces terca y floja. Floja. Terca. Floja. Terca. Floja. Terca.
Terca, floja, olvidadiza y sobre todo insegura. Terca e insegura. Floja e
insegura. Por eso mi nombre no deja de sonar en casa.
¡Victoooooooooooooooriaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
Mi
nombre se escucha en casa tanto o igual como el del pequeño Juan Diego que conocí una vez en Lomas
de Lachay un día de campamento.
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