Mi abuelo de parte de madre murió hace ocho años el día de mi cumpleaños. Sábado, 10 de julio del 2004, día en que cumplía 16 años. Recuerdo todo, lamentablemente, como si hubiese sido ayer. . .
Estaba en quinto de secundaria y unas amigas y yo habíamos planeado celebrar nuestros cumpleaños juntas pues caían el mismo día. La fiesta sería a lo grande, nuestra sed de popularidad y rebeldía nos hacía pulir al milímetro cada detalle. El Shop, la música, las luces, la ropa, los zapatos, la torta, los bocaditos y el trago eran los temas de lo que hablábamos todos los días en el recreo o a la salida.
La fiesta iba a ser en mi casa y el permiso lo había conseguido fácilmente. Papá como siempre no puso objeciones a comparación de mamá, recuerdo que su mayor excusa de no hacer esa fiesta fue que quería viajar a Piura a ver a mi abuelo y no iba a estar presente, pero igual la convencimos. En la semana de mi cumpleaños mamá nos contaba en el desayuno que tenía sueños feos, extraños, oscuros y de muerte con el abuelo y que por lo tanto le urgía ir cuanto antes a verlo, lo contaba preocupada, lo recuerdo, pero también recuerdo haberle pedido, días antes, que se vaya a Piura después de mi cumpleaños y ella accedió. ¡Maldición!
Cuando llegaba al colegio de lo único que se hablaba era de la fiesta del sábado, nuestra fiesta, mi fiesta. ¿Chata es cierto que habrá chop? ¿Luces? ¿Puedo llevar a los amigos que quiera? Y yo a todo asentía.
Ese año a parte de ponerse de moda el perreo también fue hacerse un pircing en cualquier parte del cuerpo y yo, por su puesto, me hice uno en la lengua. El dolor fue terrible, comparado a un dolor de muela de los que tanto me quejo últimamente, pero qué chévere se veía, tengo un pircing en la lengua y ahora cualquiera va a querer besarme pues tengo un plus a parte. La gracia hizo que termine en la sala de emergencias de una clínica por intoxicación ya que me había tomado un naproxeno para la inflamación y en ese tiempo aún no descubría que era alérgica a algunos medicamentos.
La ida a la clínica y el piercing en la lengua lo había sabido ocultar bien en mi casa, a excepción de mi hermana, mis viejos no sospechaban de mi joya en la boca hasta que yo cometí la imprudencia más torpe de la vida. Día viernes, un día antes de la fiesta más planeada y esperada, se me ocurrió entrar al cuarto de mi mamá jugueteando con el piercing en la lengua. ¡ SÁLVAME TIERRA!
Mi madre se paró ipso facto de la cama, me agarró de los brazos, me samaqueó, me tiró más de una cachetadas y me insultó como si le acabara de decir que estaba embarazada a los 16 años. ¡QUÉ TE HICISTE! ¡ERES UNA PERDIDA! ¡UNA FORAJIDA! ¡SÁCATE ESA PORQUERÍA DE UNA VEZ! y más cachetadas de un lado a otro. Ese día tuve la paliza más fuerte de mi vida, sin embargo tenía más miedo a lo que sabía que iba a decir en cuestión de segundos: ¡OLVÍDATE DE LA FIESTA DE MAÑANA!
Me fui a mi cuarto a llorar desconsolada me dolían las cachetadas, la lengua, las samaqueadas pero más me dolía el que haya cancelado la fiesta. Aquel viernes lloré tanto que la odié, la odié con ese rencor tan grande de chibola no pensante a los dieciseis años.
Sábado 10 de Julio
Sonó el teléfono a las 7 de la mañana. Salgo de mi cuarto a contestar porque tengo el sueño ligero y pensé que desde ya me llamaban para felicitarme por mi cumpleaños. Me había olvidado del episodio del día anterior.
- Aló
- Con mi tía Vicky, por favor
- Está descansando, ¿quién habla?
- Puedes decirle que mi abuelito acaba de fallecer. . .
Me quedé con el teléfono en la mano y no supe que hacer, cuando quise ir al cuarto de mi madre, ella estaba casi detrás de mi, le di el teléfono en medio de mi mirada perdida, no le dije nada y fui corriendo a buscar a mi papá quien llego preciso para sostenerla mientras se derrumbaba en el piso gritando un profundo y triste NO.
Verla llorar me hacía sentir culpable pues nos habíamos peleado un día antes y se había quedado por mi cumpleaños a pesar de tener esos sueños feos que le hacían tener una urgencia por viajar. La noticia me impactó porque hasta ese momento nadie se había muerto en mi familia y porque es el papá de mi mamá.
A mi abuelo lo pude conocer en una sola temporada. Fue en unas vacaciones del año 95 cuando yo tenía ocho años y viajamos al Norte con toda la familia. Tengo recuerdos frescos como vagos. Él y yo nos llevábamos bien. Me gustaba contarle cuentos en la terraza de la casa mientras llovía, jugaba con él y conversábamos mucho a pesar de esa gran diferencia de edad. ¡Diantres! Siento como si estuviera tendida en el diván de un psicoanalista y comienzo a sentirme mal.
Después de ese viaje nunca más regresé. Juré nunca más regresar porque cuando fui era temporada de lluvia y habían muchos derrumbes en la carretera. El que casi se caiga el carro a un abismo y que hagamos un trasbordo me traumatizó de niña. Así que nunca regresé, nunca más volví a ver y a conocer al abuelo con el que me llevé bien de pequeña. Nunca tuvimos una relación de abuelo y nieta mientras estaba vivo.
Mi mamá viajó inmediatamente a Piura. Antes de irse me pidió que no hiciera la fiesta, sus palabras fueron: "Si haces algo que sea chico, una pequeña reunión, recuerda que mientras tú vas a estar celebrando yo voy a estar velando a mi papá" Y eso me entró por un oído y me salió por el otro.
Mamá se fue y yo seguí en marcha con la fiesta. Ya no lloraba, no me sentía mal, no sentía nada. Tampoco tenía las ganas desenfrenadas de celebrar como hace unos días pero no iba a cancelar nada. La fiesta se dio y fue la primera borrachera que tuve en mi vida, besé a un chico y casi a otro, vino gente de todos lados y terminaron ebrios. De la fiesta se habló una semana en el colegio y en mi familia hasta ahora. Victoria madre a veces me lo saca en cara pero no la culpo.
Hoy es el cumpleaños de mi abuelo, hoy 10 de febrero y cumpliría 97 años.. Yo soy el 10 de Julio, y ese día cumplo 25 años y él 8 años de muerto.