Hace
unos días me entró la curiosidad y le pregunté a mamá en qué mes había sido procreada
si nací en julio. Los colores se le subieron al rostro, sonrío avergonzada y me
dijo: Resta pues ocurrente. Sacando
cálculos eso significa que fue un octubre del 87 el mes en que a mis viejos
mandaron al diablo los anticonceptivos. Quise preguntarle el lugar, la hora y
en qué circunstancias `me hicieron` pero antes
de que la siga interrogando la vieja ya había desaparecido. Tampoco le puedo
exigir mucho, ella aún se paltea con esos temas a comparación de mi viejo. Y es
que eso es lo extraño de su unión. Siempre me pregunto cómo un borracho,
juerguero barranquino se enamoró de una piuranita con rosario en mano, pero esa
ya es otra historia. Ahora quiero regresar a mis primeras causas, al origen.
La
vieja dice que nací a las tres de la mañana. Naciste a las tres de la mañana, a la hora del diablo, del anticristo.
¡Carajo! Cómo me hiciste sufrir pedacito de gente. No querías salir. Te habías
atrancado ahí adentro y por más que los doctores hacían todo por sacarte tú
nada. ¡Valora los dolores de tu madre! Tú que no tiendes ni tu cama y ni
limpias el baño malcriada. Pues sí, nací un 10 de julio del año 88 en el
Hospital Rebagliati un viernes a las 3
A.M. (como la canción de Serú Girán) con 0.53 centímetros y pesando tres kilos
ochocientos. La vieja dice que parecía un perro flaco. ¡Qué linda ella! Como
ven de la inocente piuranita ya no queda nada. La Lima la contaminó. Sin
embargo, se alegró mucho al tenerme por
primera vez entre sus brazos y ver que
no ladraba sino que lloraba y lloraba como bebé poseído.
La
primera hija de los casi recién casados había nacido y le pusieron Victoria. Aunque,
a veces, en la actualidad, le quede grande el nombre pero esa, también, es otra historia
por no decir muchas. . . Soy la primogénita de esta familia y como sabemos
todos los hermanos mayores, somos el `ups` de los viejos. Con nosotros aprenden
a ser padres por eso los hermanos menores se la llevan fácil. Nosotros somos
los conejillos de indias a los que no saben cómo ponerle el pañal, cómo darles
el biberón o cómo bañarlos. La vieja dice que la primera vez que me bañaron me
hundí en la tina por lo pequeña que era y que parecía un pollo remojado.
También
me cuenta que era un bebé jodido, que siempre amé el chocolate y que cuando
estaba embarazada de mí lo que más se le antojaba era el vino. Ahora entiendo
porque amo tanto ese sagrado trago. Empecé a caminar al año y medio a pesar de
que me paraba cayendo, la vieja dice que no era de llorar mucho. Te caías, te tropezabas pero siempre te
volvías a levantar con más ganas. Qué tal diferencia con la actualidad. . .
es que de niños somos el Superhombre de
Nitzsche, nada nos duele.
Así crecí volando y volé tan deprisa
que hasta mi propia sombra de vista me perdió
Soy
Victoria Meneses y siempre me va gustar bailar la persiana americana, tomar
una chela escuchando salsa sensual, decir carajo y comer con cuchara. Soy
desordenada y olvidadiza. Me enamoro de
todo y me conformo con nada. Estudio periodismo y no pretendo cagarme en plata. Amo a Toby y
a Charly García. Me gusta cocinar y de vez
en cuando intento tocar el piano y pintar. Hago ejercicios y como sano
pero me desbando los fines de semana en todos los sentidos. Mi vicio es la
música porque lo que no supe en los
salones lo aprendí de canciones. Mi enfermedad, los chocolates. Conocí lo que es el sexo y la pasé mejor
desde entonces. Me visto de colores. No soy lo que se dice una señorita y digo
muchas lisuras. Odio el cigarro pero me encanta la chela helada. Prefiero el invierno que el verano y si viene con lluvia mejor. A veces pienso que moriré rápido y de la nada porque me gusta viajar en el asiento trasero de los buses pero lo que pasará más adelante conmigo, también es otra historia.
Quiero ser un expatriado
llegar a tiempo y no apurado
sin tener que hacer un rumbo
sin la brújula, un segundo
sin el beso que no dí
un roedor vagabundo…
Porque 25 años después es mejor decir que callar.
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