Cuando
me dijeron que vendrías a Lima, que vivirías en mi casa y que te quedarías en
mi cuarto te rechacé, me molesté y me revelé. El abuelo acababa de fallecer y
tú vendrías a pasar una temporada por acá. Cuando llegaste a penas y te saludé.
Eras una viejita de pelo negro y canoso a la vez. Ese día de agosto era la segunda vez que te veía en mis dieciséis años. Me saludaste con una enorme sonrisa y un abrazo
fuerte como si me conocieras de siempre
y yo ni si quiera abrí los brazos para corresponder a tu muestra de cariño.
Trajiste frutas, trajiste dulces, trajiste comida, trajiste a todos tus Santos
y sobre todo una botella de cañazo para por lo menos un mes.
Mi
cuarto, el más grande de la casa, te esperaba pero yo me negaba. Ya no había
una sola cama sino dos. A partir de ese día de agosto mi cuarto nunca dejó de
tener dos camas. Hoy aún siguen ahí. Yo
ocupo la mía pero tu cama está vacía esperando por ti. Recuerdo las primeras
noches cuando empezamos a ser `Roomates` yo ponía mi música a todo volumen y abría
la ventana de par en par para molestarte, para que te cambiaras de cuarto y
sobre todo para que te fueras. Sin embargo nunca te quejaste, al contrario, te
acercabas a preguntarme que grupo extraño estaba oyendo o me decías que me
abrigara más para que no me vaya a enfermar. Si te gusta tener tus ventanas abiertas abrígate que te vas a enfermar
yo tengo como cinco chompas encima a mi nada me pasará. Creo que en el
fondo sabías que lo hacía por molestarte pero sabías por dónde darme.
Y
así pasaron los días y cada cosa que yo te hacía tú siempre respondías con una
flor. Odiabas la televisión pero te ponías a ver el programa conmigo para
hacerme compañía, no me gustaban tus comidas y algo le hacías que luego
terminaba comiéndome mil platos, dormía destapaba encima de la cama y por la
mañana amanecía bien arropada entre mantas. Querías ganarme la absurda batalla
que yo había creado en mi cabeza, querías que yo te quiera y así lo empecé a
hacer. Poco a poco me daban más ganas de pasar más tiempo contigo, de
conocerte, de abrazarte, de cuidarte, de engreírte, de dormir juntas, de ir de
paseo, de llevarte a misa un domingo a pesar de que me haya ido de juerga la
noche anterior. Yo solo buscaba complacerte en todo lo que quisieras porque te
habías empezado a convertir en mi persona favorita, en mi cómplice, en mi amiga
… en mi abuelita.
Cada
vez que regresabas a Piura dejabas un vacío enorme en la casa y sobre todo en
mi cuarto pero tu cama nunca la desarmaba porque sabía que regresarías. Cuando volvías siempre había fiesta en la
cocina y todos los que habíamos estado esperando tu regreso con ansias
éramos felices.
Hoy
me enteré que nunca más vas a regresar, hoy sé que nunca más te volveré a
abrazar. Hoy es la primera vez que siento la pena de una muerte. Tú sabes hasta
el momento que nadie a quien yo haya querido se me había ido y ahora lo estoy
viviendo contigo. Hace unos días nos reencontramos ¿te acuerdas? Después de
tres años sin vernos el sábado te metiste en mis sueños y estábamos conversando
en nuestro cuarto. Te estabas despidiendo de mi abuela linda. Hasta el final de
tus días te acordaste de mí como yo siempre lo hago. Toda la gente que me
conoce, los más cercanos, los amigos de verdad, saben lo que tú fuiste, eres y serás en mi vida.
Viejita
mía, ya estás por fin con el abuelo, a quien no conocí tanto como a ti. Estás
con tu compañero de toda la vida con el que te casaste a los quince años y con
quien tuviste cuatro hijos de la cual una es mi madre y a la que en estos momentos
no puedo abrazar y llorar juntas tu partida porque está velándote en tierras
norteñas.
La muerte es una amante despechada
que juega sucio y no sabe perder.
Hoy
hay sol en Lima pero es un día de invierno para todos los que te queremos.
Lamento no poder estar contigo en estos momentos y darte el último adiós.
Quisiera ver tu carita de ángel y abrazarte por última vez en mi vida pero Lima
me tiene amarrada de pies y cabeza pero sé que te meterás en mis sueños una vez
más.
Ya
nos vemos pronto Kemoly
Con amor,
Nizé.
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- Abuela
no te vaya a morir acá en mi cuarto
- Ya
pues, no lo voy hacer
Y
cumpliste tu promesa viejita linda.

muchas gracias por compartir esto. me has hecho recordar a mi abuelita y todas esas cosas que pase con ella. perderla fue muy duro y aun se siente el vacio en las lagrimas que siento caer.
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