lunes, 9 de septiembre de 2013

Adiós



Cuando me dijeron que vendrías a Lima, que vivirías en mi casa y que te quedarías en mi cuarto te rechacé, me molesté y me revelé. El abuelo acababa de fallecer y tú vendrías a pasar una temporada por acá. Cuando llegaste a penas y te saludé. Eras una viejita de pelo negro y canoso a la vez. Ese día  de agosto era la segunda vez que te veía en mis dieciséis años. Me saludaste con una enorme sonrisa y un abrazo fuerte  como si me conocieras de siempre y yo ni si quiera abrí los brazos para corresponder a tu muestra de cariño. Trajiste frutas, trajiste dulces, trajiste comida, trajiste a todos tus Santos y sobre todo una botella de cañazo para por lo menos un mes.

Mi cuarto, el más grande de la casa, te esperaba pero yo me negaba. Ya no había una sola cama sino dos. A partir de ese día de agosto mi cuarto nunca dejó de tener dos camas. Hoy aún siguen  ahí. Yo ocupo la mía pero tu cama está vacía esperando por ti. Recuerdo las primeras noches cuando empezamos a ser `Roomates` yo ponía mi música a todo volumen y abría la ventana de par en par para molestarte, para que te cambiaras de cuarto y sobre todo para que te fueras. Sin embargo nunca te quejaste, al contrario, te acercabas a preguntarme que grupo extraño estaba oyendo o me decías que me abrigara más para que no me vaya a enfermar. Si te gusta tener tus ventanas abiertas abrígate que te vas a enfermar yo tengo como cinco chompas encima a mi nada me pasará. Creo que en el fondo sabías que lo hacía por molestarte pero sabías por dónde darme.

Y así pasaron los días y cada cosa que yo te hacía tú siempre respondías con una flor. Odiabas la televisión pero te ponías a ver el programa conmigo para hacerme compañía, no me gustaban tus comidas y algo le hacías que luego terminaba comiéndome mil platos, dormía destapaba encima de la cama y por la mañana amanecía bien arropada entre mantas. Querías ganarme la absurda batalla que yo había creado en mi cabeza, querías que yo te quiera y así lo empecé a hacer. Poco a poco me daban más ganas de pasar más tiempo contigo, de conocerte, de abrazarte, de cuidarte, de engreírte, de dormir juntas, de ir de paseo, de llevarte a misa un domingo a pesar de que me haya ido de juerga la noche anterior. Yo solo buscaba complacerte en todo lo que quisieras porque te habías empezado a convertir en mi persona favorita, en mi cómplice, en mi amiga … en mi abuelita.

Cada vez que regresabas a Piura dejabas un vacío enorme en la casa y sobre todo en mi cuarto pero tu cama nunca la desarmaba porque sabía que regresarías. Cuando volvías siempre había fiesta en la cocina y todos los que habíamos estado esperando tu regreso con ansias éramos felices.

Hoy me enteré que nunca más vas a regresar, hoy sé que nunca más te volveré a abrazar. Hoy es la primera vez que siento la pena de una muerte. Tú sabes hasta el momento que nadie a quien yo haya querido se me había ido y ahora lo estoy viviendo contigo. Hace unos días nos reencontramos ¿te acuerdas? Después de tres años sin vernos el sábado te metiste en mis sueños y estábamos conversando en nuestro cuarto. Te estabas despidiendo de mi abuela linda. Hasta el final de tus días te acordaste de mí como yo siempre lo hago. Toda la gente que me conoce, los más cercanos, los amigos de verdad, saben lo que tú fuiste,   eres y serás en mi vida.

Viejita mía, ya estás por fin con el abuelo, a quien no conocí tanto como a ti. Estás con tu compañero de toda la vida con el que te casaste a los quince años y con quien tuviste cuatro hijos de la cual una es mi madre y a la que en estos momentos no puedo abrazar y llorar juntas tu partida porque está velándote en tierras norteñas.

La muerte es una amante despechada
que juega sucio y no sabe perder.

Hoy hay sol en Lima pero es un día de invierno para todos los que te queremos. Lamento no poder estar contigo en estos momentos y darte el último adiós. Quisiera ver tu carita de ángel y abrazarte por última vez en mi vida pero Lima me tiene amarrada de pies y cabeza pero sé que te meterás en mis sueños una vez más.

Ya nos vemos pronto Kemoly

Con amor,

Nizé.
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-       Abuela no te vaya a morir acá en mi cuarto
-       Ya pues, no lo voy hacer


Y cumpliste tu promesa viejita linda. 

1 comentario:

  1. muchas gracias por compartir esto. me has hecho recordar a mi abuelita y todas esas cosas que pase con ella. perderla fue muy duro y aun se siente el vacio en las lagrimas que siento caer.

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