Habíamos quedado en salir aquel sábado. Tú estabas entusiasmado en ir a ese lugar tonero y yo no, sin embargo, iba a hacer el esfuerzo denodado de ponerme tacos y un vestido por ti, para ti. Me llamaste muy cariñoso para decirme que ya estabas en camino y antes de cortar dijiste te amo, yo también.
Al encontrarnos apareciste bien resguardado por un grupo de gente a los que llamabas amigos pero estoy segura de que a la mitad de ellos a penas y habías conocido hace cinco minutos. Pensé que nuestra salida sería un poco más privada, de dos, de nos... En fin, no importa, total con unos tragos encima todos terminaríamos siendo bros, así no los vuelva a ver nunca más en mi vida.
Te acercaste y me diste un beso frío a mitad de los labios, a penas y nos saludamos. Me quedé fuera de foco, no parecíamos ser ese par cómplice, ni mucho menos éramos esos dos que solíamos ser cuando estábamos juntos. No importa, pensé, ya pasará. Una vez más me quedé callada y no dije nada.
Entramos a ese estruendoso lugar y es ahí donde empezaría el enfrentamiento entre ambos bandos. Tú te sentaste al frente de mi con tus "amigos del alma" y yo del otro lado a esperar por ti. Sentada en ese mueble blando de lugar ficho sentía que me hundía hasta el fondo. Para ese momento de la noche ya estaba molesta, tenía la cara de bulgog que pongo cuando suelo estarlo, estaba decepcionada. Odiaba las risas fingidas de ese grupo, odiaba sus caros celulares, el que posaran cada cinco minutos a la cámara y sus tarjetas de crédito pero más te odiaba a ti por ser así.
¡Salud! Dijo uno de ellos, juntamos todas las botellas de cerveza personales y fue el primer contacto que tuvimos después de una hora. Tomé un sorbo y nunca la chela que amo tanto me había parecido tan amarga. Los tacos comenzaban a hacerme doler los pies, sentía que el diminuto vestido me apretaba, me picaba, el planchado en el pelo empezaba a esponjarse y mi sonrisa metálica a congelarse.
Pasó un poco más de tiempo y creo que al verme hundida en ese mueble blanco y blando te acercaste. ¿Por qué estás tan alejada de mi?, me lo preguntaste tres veces. No contesté, ni te miré. Me di cuenta que todo tu bando estaba pendiente de mi reacción y tú al notarlo, obviamente, no podías quedar mal ante ellos, no podías quedar humillado por una flaca que cada vez tenía el pelo más esponjado por el planchado que se deshace pasada las doce. Por eso, te paraste, diste una especie de seña a tus "guardaespaldas" y te fuiste del lugar dejándome con media botella de cerveza y en medio de un mundo de frivolidad.
Sentí como la sangre recorrió todo mi pequeño cuerpo, la cadencia de mi corazón se aceleraba a mil por segundo, quería romperte la cara con uno de los tacos que ya no soportaba. Esperé dentro del lugar no más de quince minutos para salir, para que terminaras de irte y no pensaras que iba detrás de ti. Salí endemoniada, sin embargo, te llamé. Te llamé pero te mandé a la mierda y tú hiciste lo mismo.
Mayo, 2012
No hay comentarios:
Publicar un comentario