La chamba empezó hace una semana. La desesperada búsqueda por encontrar trabajo dio resultados recién al final de las vacaciones de verano. La hora de entrada en la redacción es a las 5:30 a.m., pues las notas deben de estar colgadas en la web a las 8 de la mañana. Han pasado algunos días mi primer trabajo como practicante y aún tengo el entusiasmo y las ganas intactas; sin embargo no sé como será a partir del lunes que comiencen las clases . . .
El despertador suena estruendoso a las 4 de la mañana, el sonido es parecido al intro de Tráfico por Katmandú de Fito. Intento apagarlo y programarlo para que me alerte dentro de 10 minutos pero la conciencia me detiene y finalmente me levanta de la cama. Prendo las luces y el televisor soñolienta, abro las ventanas y todo está oscuro. Mis viejos roncan en el cuarto de al lado y en la calle no se escuchan ni los grillos.
Mientras espero que la terma se caliente acomodo en mi gigante maleta todo lo del día, toda mi vida. Comida (PRIMORDIAL 1) laptop, ropa para el gimnasio, para la chamba, zapatillas, agua, reprodructor de música (PRIMORDIAL 2), algún vino pedido por vender, un libro, shampoo, jabón, etc. A pesar de la bulla que hago y de las luces prendidas nadie se levanta en casa, ni Toby, aun para él es de noche.
Salgo de casa, me persigno y presiono play en el mp3. Suena Meet me in the Morning de Bob Dylan, qué precisa. Son las cinco de la mañana y todo continúa oscuro y silencioso, solo la panadería de la esquina de mi casa tiene las rejas entreabiertas y las luces prendidas. En el paradero el carro demora en pasar, seguro algunos aún no salen de la estación, solo pasan taxis que se detienen a mi costado, de los cuales no presto atención porque tengo la bulla a todo volumen en mis oídos.
Son 5:15 y el único carro que pasa solo me deja hasta cierta cuadra de la Brasil pero no me lleva a donde queda la chamba, a la Av. Ejército. Subo al micro y bajo en la cuadra 12 de la Brasil a esperar por el TRANSNASA, la combi grande de color plomo y anaranjado. Adentro algunos duermen, algunos se han bañado y otros están a medio lavar con olor y semblante a cama. Mientras el carro avanza aprovecho la ruta para tomar el desayuno que preparé antes de salir ya que apenas llegue a la chamba tengo que leer periódicos y tipear a toda velocidad sin respirar.
Paso el Larco Herrera, esquina baja. Aún sigue oscuro, son 5:35, marco con el dedo al entrar, subo hacia la redacción que está en el último piso de toda la empresa, mi jefa ya llegó y me mira con cara de "cinco minutos de retraso". Hola Giuliana, buenos días Victoria, ahí están los periódicos. Es estricta en todo lo relacionado al trabajo pero no puedo negar que hemos simpatizado bien, escucha buena música, le gusta Charly y quiere que le pase todas mis dietas para una buena alimentación.
La adrenalina que se vive en el área de prensa es tal cual me la imaginaba, es como decía un profesor el ciclo pasado y como me dice Giuliana a cada rato: "La noticia es para ayer". En esta semana he cometido algunos errores y mis resondrones me han caído. Un error en la noticia es garrafal pues te leerán. Espero que esos lapsus se queden en la semana que pasó, no me gustaría acomodar nuevamente todos los periódicos desparramados en toda la oficina como castigo.
Mañana es domingo y también trabajaré, el horario de entrada será a las 6 de la mañana. Hoy es cumpleaños de una amiga e iré a saludar, no sé si me necee con las chelas o tal vez el sueño me venza, como ayer, pero sino será como dice Sabina "Olvidate del reloj, nadie se ha muerto por ir sin dormir una vez al currelo". La prensilla es como menciona R. Kapucinski en El Mundo de hoy, los periodistas somos como los doctores, no hay domingos ni feriados.

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