Había comprado la entrada con meses de anticipación. Mejor dicho, la
compré apenas vi el anuncio en la
televisión. Esta vez tenía que ver a Dios, al Genio, al más Grande…tenía que ir
al concierto de Charly García. Con plata
prestada, una vez que tuve el boleto en mano, solo me quedó esperar a que pasen
los días, las horas y los minutos para que sea el tan ansiado 30 de junio del
2012.
El día había llegado. El padre del
rock argentino estaba una vez más en el Perú. Fui desde muy temprano, con un
gran amigo mío, tan hincha del loco como yo. Éramos de los primeros en la cola
y veíamos como poco a poco la gente Say
No More iba llegando. Las chelas pasaban, los porros rotaban y las canciones
se empezaban a escuchar durante la previa en el Jockey Club.
Lamentablemente, recordar la primera
vez que vi a Charly, trae, a mi mente la desagradable presentación del telonero
de aquella noche. Un joven desconocido con guitarra en mano que osó con subir al
escenario antes que El Genio. Obviamente, las pifias y las burlas no se
hicieron esperar. Estábamos frente al peor acto jamás visto en toda la historia.
¿Tanto así? Así es…pero tú fulanito solo me queda decirte que eres el más
grande hijo de puta por haber teloneado a Dios.
En fin, después de ese acto cómico sin
sabor, era momento de olvidarlo y preparar la garganta para nuestro ídolo. Las
luces se apagaron y en la pantalla se empezó a proyectar la enorme discografía
de toda la trayectoria de Carlos Alberto García Moreno…Charly García. En medio
de los gritos eufóricos de todos los hinchas, La banda The Prostitution se iba ubicando en el escenario y finalmente,
mientras mi corazón palpitaba a mil, apareció Él. Solo un metro me separaba de
Charly. Solo un metro me separaba de su mágico piano y solo un metro me
separaba de su bigotito bicolor.
Cerca
de la revolución fue
la primera canción que hizo estallar el Jockey, el concierto había empezado. Rezo por Vos, dedicada al Flaco. Los Dinosaurios, el himno…
Los
amigos del barrio pueden desaparecer,
los
cantores de radio pueden desaparecer.
Los
que están en los diarios pueden desaparecer,
la
persona que amas puede desaparecer.
Los
que están en el aire
pueden
desaparecer en el aire.
Los
que están en la calle
pueden
desaparecer en la calle
Ver la vitalidad de sus 60 años en el
escenario contagiaba a todos. Con cada canción la piel se me ponía de gallina y
mi garganta iba perdiendo la voz. Charly caminaba de un lado a otro y alzaba
los brazos para que la gente que se había dado cita aquel 30 de junio le haga
el Aguante!
Asesíname,
Yendo de la cama al Living, Rap del Exilio, Influencia, Pasajera en Trance,
Eiti Leda, Piano Bar, Instituciones, Anhedonia, Fanky, No importa y miles de joyas sonoras más se
escucharon esa noche. Casi no recuerdo el orden
y de hecho me faltan listar más pero lo que nunca voy a olvidar fue ver
a esa genialidad musical haciendo lo que mejor saber hacer: cantar y extasiar….”porque todo el mundo quiere éxtasis”.

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