Yo fui escolar hace once años. Recuerdo las boletas excesivas que mis padres pagaban cada mes. Con la promesa de una mejor
calidad en la educación e infraestructura lo único que hizo el director de
aquel colegio, que ahora no existe, fue construir una de las tantas universidades
fantasmas que hay en Lima. Esas que solo ocupan un edificio a mitad de cuadra y
que te aseguran un éxito profesional en solo cuatro años.
Las quejas de los padres en estas
últimas semanas sobre los recargos en la matrícula han sido con justa razón. En
las boletas de pago figuran cobros como por una bolsa de cemento a cada alumno
con la finalidad de construir nuevas aulas y/o pasadizos; por material
educativos que, finalmente, no son nada más que copias; y uniformes, que a
precio real no pasan de cincuenta soles pero a nivel escolar es el doble.
La educación en el Perú es desigual y
sobre todo pobre. Tanto en colegios particulares como estatales el floro
educativo es el mismo. Historia, matemática, religión, lenguaje, geografía, cívica
y educación física son cursos dictados por profesores mal remunerados y sin
ganas de enseñar. Educadores que siguen una currícula obsoleta, aburrida y
superficial.
Los únicos buenos recuerdos que tengo
de mi etapa escolar es ver a mamá preparándome mis exuberantes y prodigiosas
loncheras, a papá poniendo Radiomar a las 6 am. para escuchar baladas de oro, a mi hermana haciéndose
la enferma para no ir al colegio, haber conocido a Kelly y a Mile, a mi primer
enamoradito, a otros grandes amigos y las Galerías Brasil.

No hay comentarios:
Publicar un comentario