El reloj ha
sonado y es la hora de levantarse. El cielo está oscuro, hace frío y el
silencio predomina en casa. Son las 5 y 30 de la mañana y cambio la piyama por
ropa deportiva. Alisto la mochila, meto la toalla y el botellón de agua. Amarro
mis zapatillas, pongo el mp3 en el bolsillo y arranco hacia el templo que me
hará sufrir y relajarme durante las primeras horas de la mañana.
Una vez allí,
ya no me siento extraña. Hay más personas entrenando y no soy la única loca que
se levanta a estas horas de la mañana para desintoxicar su cuerpo después de
este largo fin de semana. El olor característico del gimnasio es el primero en
recibirme, saludo a los chicos del counter, doy mi código de ingreso y voy al
baño para tirarme un buen chorro de agua en la cara para terminar de
despertarme y así rendir de la mejor manera.
Al
entrar al salón el aire acondicionado te congela. Hay treinta bicicletas
estacionarias esperando hacerte sufrir por los próximos cuarenta y cinco
minutos. Subo a la mía, la número cuatro, y comienzo a pedalear para entrar en
calor mientras la gente poco a poco va llegando. El instructor ya está en la
bicicleta principal, exactamente al frente de todos, apaga las luces blancas y
prende unas más sicodélicas. La canción elegida por él es I got a feeling de
los Black Eyed Peas en una versión remix 2050.
Mi
cuerpo aún está lento y flojo a pesar del estiramiento. Me cuesta pedalear un
poco, después de estos cuatro días sin entrenamiento. Chequeo que la toalla y el
tomatodo estén en el sitio indicado para que usarlo cuando es necesario. Me tomo
cinco minutos de aclimatación y poco a poco voy sintiendo cómo mis músculos se
van interiorizando en el ejercicio y cómo van cogiendo tono, calor y cadencia.
En
esta oportunidad solo somos quince personas las que queremos destrozarnos las
piernas y sudar hasta botar el último chorro de nuestros cuerpos. La canción
comienza a tomar un poco más de ritmo y nuestro gurú del spinning nos dice
inmediatamente: Segunda posición y giren
la perilla a la derecha para ponerle más carga. El reloj marca las 6:05
a.m. y tú ya te quieres ir. Con este peso no vas a soportar los cuarenta
minutos eternos e insoportables que faltan. Sin embargo sacas fuerza de donde
sea y sigues. Te das ánimos. Piensas en el Lomo Saltado que te comiste ayer, en
las chelas de fin de semana y en la torta de chocolate que te devoraste para
salir de tu depresión y, entonces, pedaleas con más fuerza. Ahora eres solo tú
y tu bicicleta.
Ya
no tienes ganas de irte y de mucho menos tomar agua. La música revienta y las
luces juegan con ella. El lugar es muy parecido a una discoteca con la diferencia
de que acá no estás vestido con tus mejores trapos ni bien perfumado; al
contrario, estás con ropa deportiva, estás sudando hasta por los ojos y
posiblemente apestes. Todos tenemos la adrenalina a mil. El I got a feeling nos ha despertado. Pónganle más carga gorditos si quemar grasa
es lo que quieren.
La
resistencia tiene todo el peso posible. A mi alrededor veo caras de sufrimiento
y de dolor. Sientes que las piernas te queman pero sientes vida al mismo
tiempo. Estamos en una subida, según el instructor, por eso dejo que mi mente
vuele. Imagino que estoy pedaleando para llegar a la cima de una montaña,
imagino que me están persiguiendo para matarme, imagino que estoy yendo detrás
de Charly García, imagino que estoy a punto de llegar a encontrar el oro al
final del arcoíris. Imagino miles de cosas porque en esta carrera no existen los
problemas, el dolor, ni nadie. Siento la música por mis venas y mi corazón a
mil. Los cuarenta y cinco minutos, que al inicio fueron dolorosos, se han
terminado y yo sigo en pleno clímax.
Despierto
de mi nube y veo otra vez a gente a mi alrededor. Aquí estamos nuevamente los
quince, la chica y el chico fitness, la señora gordita, el broder súper delgado
que quiere sacar piernas, la exhibicionista, el antisocial, la resaqueada, el
alpinchista, el perseverante y yo. La clase ha terminado y tengo la sensación
que la rutina se me quedó en el diente. Podría darle una hora más pero por hoy
ya fue suficiente.

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