Decidí
ir en busca de uno en el Centro de Lima. Estuve cerca a esos locales donde
alguna vez fueron escenarios de presentaciones culturales pero que hoy solo se
les recuerdan por ser cines porno. Cines donde se puede ver a hombres
masturbándose, homosexuales teniendo sexo o a travestis y prostitutas
ofreciendo sus servicios en los baños por solo 5 soles. En algunos casos solo
por placer sexual.
Sabía
que ir a uno de esos lugares sola y tal cual me estaba exponiendo a que me pase
de todo. Así que dejé las vinchas de colores, la ropa ceñida al cuerpo y las cambié por un buzo
ancho, una polera y un gorro que cubriera mi desordenado cabello. No pretendía
ser un hombre pero sí lo más parecido a un chito. Estaba siguiendo el ejemplo
de Gunter Walrraf, quien para ir en busca de historias y tras la verdad, se ha caracterizado en miles de
personajes. Desde un estudiante, un soldado de guerra hasta un simple
trabajador.
Mientras
caminaba de mi casa hasta el cruce de las avenidas Colmena y Wilson, sentía que
toda la gente me miraba. Sentía que sabían que esa no era mi verdadera
identidad. Yo misma me hacía en un personaje y temía ser descubierta. Trataba
de no mirar a los demás, fruncía el ceño para sentirme más segura pero las cuadras
se hacían más eternas. El `disfraz` comenzaba a sofocarme. Yo que amo el
invierno y ando en ropas ligeras para sentir ese frío escalofriante en la piel,
esta vez estaba tapada hasta el cuello.
Debía
llegar al Cine Colmena. Ya quería estar
adentro y ver a todos esos espectadores sedientos de sexo. La curiosidad y el
entusiasmo me recorrían por el cuerpo pero también el miedo. Cualquiera de
ellos, cegado por la arrechura, podía hacerme lo que quisiese en la butaca o en
el baño. Sin embargo, hice caso omiso a mi miedo y recordé una frase que me
dijo un amigo hoy cuando le comenté que iría a un cine porno: “¡Tú no aprendes
no!”
Lamentablemente,
al llegar al Cine Colmena este seguía más clausurado que nunca. Cruzo la
avenida y me dirijo al Cine Tacna. Cerrado. Camino dos cuadras hacia abajo, a
la altura de Quilca, para ir al Cine Tauro. Cerrado también. Hoy la suerte,
como siempre, no me acompañó.
El
camino de regreso fue menos entretenido que la ida. Ya no sentía esa
expectativa o curiosidad dentro de mí pero sí sentía las miradas encima. ¿Era
el gorro? ¿El buzo? ¿El polerón? ¿Los enormes lentes? No me molestaba que me
miraran raro porque eso me indicaba que mi caracterización estaba buena; sin
embargo, no me sentí realizada hasta que un broder, de esos que te ofrecen
tintas a fuera de las galerías de Wilson, dijo la palabra mágica: “Ese Chito”.
Gracias bro eso quiere decir que no soy mala en cuanto a los disfraces.
No
tengo crónica aún para mi trabajo final pero esta nueva experiencia ha sido muy
buena. He ido a muchos lugares, así tal cual, y no encubierta bajo la
caracterización de un personaje. Tal vez por no disfrazarme antes pagué más de
un sol en A SOL LA BARRA, no pude entrar al PENAL DE LURIGANCHO, me han
asaltado varias veces, me han perseguido con piedrones o me han cerrado la
puerta en la cara.
La
próxima vez que quiera ir a un lugar prohibido pasaré todos los filtros. El
peligro no existe, la mala suerte sí. A estas alturas de mi vida me ha pasado
de todo a pesar de que una vez creí que nada iba a pasarme, una vez
pensé que nadie iba a matarme Esas
cosas no se las he contado a nadie y
jamás lo haré. JAMÁS. Mientras, seguiré buscando historias que contar en cualquier punto de la ciudad, en
cualquier punto fuera de ella.

mas salada tu! jejeje! bueno pues, al menos te caracterizaste bien pensaron que eras chito !!
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