miércoles, 8 de mayo de 2013

EL TRABAJO DE UNA NOCHE



`Pamela` tiene 55 años y es prostituta hace más de dos décadas. Todas las noches se ubica en una calle del Cercado de Lima, en la misma esquina y con las compañeras de siempre. No le tiene miedo a los peligros de la noche, ni lo que su trabajo representa, lo único a que le teme es a la censura familiar.
  


 Para muchos, cuando llega la noche, el día ha terminado, pero para otros como `Pamela` este recién comienza. Cuadra seis de la avenida 28 de Julio, es medianoche y aquella calle del Cercado de Lima ya ha sido tomada por varias cenicientas de saldo y esquina que se encuentran ubicadas y repartidas a lo largo de la vereda como si estuvieron en una gran vitrina de exhibición. Son los hombres los que las rodean entre cafichos y clientes. Se acercan, las observan, les preguntan la tarifa y uno que otro  se atreve a tocarlas. Los taxis se detienen, les tocan el claxon y ellas sumisas y sensuales se acercan. Las que suben se sientan en el asiento de adelante y otras simplemente regresan a su ubicación. Mientras observo la escena escucho una voz con un ligero dejo selvático que dice: “Ese siempre viene por acá nada más a preguntar”. Era ella.

Estoy en el cruce de Guzmán Blanco y 28 de Julio y solo `Pamela` que está en la esquina, detrás del puesto de periódicos, se ha dado cuenta de mi intrusa presencia. Viste un pantalón turquesa, un polo negro apretado sin escote, tacos y una cartera que sujeta con desconfianza. No tiene mucho cabello pero es largo y negro. Algunas canas se le ven desde las raíces pero no son muchas. En su rostro se dibujan las líneas de la edad pero lo sabe ocultar debajo de un buen maquillaje y su coquetería innata. `Pamela`, porque así  quiere que  la llame, tiene 55 años y hace veinte es prostituta. En todo este tiempo como tal, me asegura que nunca le ha robado a un cliente y que por lo general son los jóvenes los que la buscan. Nació en Huacho pero desde los tres años vivió en la Selva. No terminó el colegio y  se casó a los quince años con un hombre que la maltrataba física y psicológicamente con quien tuvo cuatro hijos. Dos nefastos episodios hicieron que entrara al mundo del intercambio de sexo por dinero pero me cuenta que ya falta muy poco para dejar esta doble vida y solo se dedicará a ser mamá y abuela.

¿Tus hijos saben a lo que te dedicas?
No, para nada. Ni loca, para que no se enteren me cuido muy bien las espaldas.

¿Hasta qué hora trabajas?
Ahora solo me quedo hasta las dos de la mañana. Antes sí me amanecía pero para que no sospechen mis hijos he reducido algunas horas.

Ella puede contarme  inmediatamente miles de historias y experiencias que la noche le ha dado; sin embargo espera paciente a que yo le haga las preguntas. Me responde con soltura, tal vez, la misma que la hace pararse todas las noches bien arregladita como para ir de bodas en esa esquina de 28 de Julio a la espera de hombres ansiosos de sexo. Me mira con ojos de madre y me da confianza. `Pamela` no se maquilla ni viste escandalosamente como las otras chicas con las que comparte la cuadra. Su ropa es un poco más sobria y recatada pues es como ella dice: es toda una señora. Es atractiva y llama la atención de los hombres y clientes no le faltan.  Asegura que es su experiencia, el trato complaciente  y su coquetería   lo que hace que ellos siempre regresen en busca de veinte minutos de placer por solo treinta soles. Me asegura que su retiro está muy cerca pues ya está cansada de tener que mentirles a sus hijos cada vez que llega la noche y de tener que cuidarse las espaldas por si la ve algún vecino o conocido la ve y pueda comentárselo a su familia.

Se inició en este mundo a los 35 años debido a un accidente que sufrió su hijo menor donde se rompió la tibia y el peroné en un partido de fútbol del colegio. `Pamela` estaba sola con sus cuatro hijos pero libre de un marido abusivo. Trabajaba como cocinera en un restaurant de la capital pero no le alcanzaba para cubrir todos los gastos de la operación, así que recurrió a sus amigos para que le prestaran dinero. Y así sucesivamente me fueron prestando también los amigos de mis amigos, a los que yo no conocía mucho. Cuando llegaba la fecha para pagarles les decía que por favor me den un poco más de tiempo y ellos solo atinaban a decirme que no me preocupara. Me invitaban a comer a tomar algún trago y luego me decían que querían estar conmigo esa noche. Es así como yo entro a este mundo. De casualidad, sin darme cuenta pero sobre todo por necesidad. A ese mundo se fue acostumbrando poco a poco. Al inicio fue difícil pues ya no solo se acostaba con gente conocida que le había prestado dinero en algún momento sino que empezó a pararse en las calles en busca de clientes. Esto es horrible. Es casi un martirio porque no es que te vayas a un hotel con un amigo a pasarla bien, vas con gente que incluso te da asco, que no conoces, que toca tu cuerpo, que quieren acariciarte y tenerlo encima jadeando, eso es lo peor pero por dinero una soporta. Es una cosa horrible que no se lo deseo a nadie, ni a mi peor enemiga.

`Pamela` pudo costear la operación de su hijo e iba a dejar las calles pero como un mal siempre trae otro o  siempre llueve sobre mojado, el tan ansiado retiro que había planeado tuvo que posponerse hasta la actualidad. El mayor de sus hijos mató a su conviviente por haberla encontrado infraganti con otro hombre y fue a parar a la cárcel a cumplir una condena de veinte años. Ella no podía dejar a su suerte a su otro hijo, sentía que tenía que protegerlo y ayudarlo a salir de ese problema como sea. Han pasado diez años desde que su primogénito está encerrado en un penal de Chiclayo pero muy efusiva me cuenta que él ya está próximo a salir. Tengo que pagar veinte mil soles para que salga. Yo hoy viajaré a Chiclayo a las 4 de la mañana para ver sus papeles porque ya va a salir pronto. Por eso cuando salga  mi hijo, se acabó esta vida. Mi hijo, el que está detenido, sospecha de que soy prostituta porque la mayoría de madres y esposas de los reclusos se prostituye para pagar los abogados y  para llevarles dinero. Él no lo sabe, pero lo intuye. Sin embargo no me dice nada y deja que lo ayude. `Pamela` no siente vergüenza por su trabajo porque lo hace para que a sus hijos no les falte nada. Con los ojos lagrimosos y voz entrecortada se acomoda el cabello hacia un lado y me dice con firmeza que si en algún momento sus hijos se enteran, tal vez la rechacen y hasta la boten de casa. Sus manos arrugadas se tocan el rostro como pensando en qué pasaría con ella si eso sucede; sin embargo no llora. Da un suspiro y me sonríe aludiendo que la vida es dura y que al menos a ella la ha recontra golpeado.

A los cuarenta años fue víctima de una violación en un taxi. Sus ojos se llenan de indignación y puedo sentir que la cadencia de su pecho se acelera cuando empieza a recordar ese episodio de su vida. Mientras me cuenta cómo sucedió, su relato es interrumpido por el paso de un cliente que ella había atendido en alguna oportunidad. Hola corazón. Insisto en que si tiene que irse que me avisara ya que estoy interrumpiendo sus horas de trabajo e invadiendo su territorio. Me contesta que espera a un cliente fijo esta noche o `amigo`, como ella los llama, y que aún no llega. Hace más de diez años tuvo el error de subirse al taxi equivocado. Aquel conductor con pinta de ser una persona decente como me cuenta, abrió la puerta del auto y ella subió confiada y se sentó al lado del conductor. En la ruta hacia el hotel `Pamela` pregunta a cuál irán pero no recibió respuesta alguna. El carro se detuvo en una calle oscura pero ella aún sigue sin sospechar nada. El taxista hacia la finta de que buscaba su DNI entre sus cosas cuando de pronto no dudo en abalanzarse sobre ella a la fuerza. Ya perdiste puta de mierda. Te voy a violar y sin preservativo. `Pamela` insistió en que no haga nada por la fuerza, que de todas maneras lo atendería pero que se ponga un condón. Algunas coqueterías de `Pamela` lograron calmar el desenfreno, la violencia y el libido de aquella bestia irracional. Mientras este buscaba un preservativo entre sus cosas, esta avezada mujer intentó abrir la puerta para fugarse pero todo fue en vano. El taxista, al notar el intento de fuga, se le lanzó encima con un desarmador apuntándole en la yugular, la insultó y la violó como se le dio la gana.  

Siento su indignación, su rabia desenfrenada e impotencia en su mirada y en su voz. Lamentablemente, mientras me cuenta ese pasaje de su vida, yo comienzo a recordar una experiencia similar de asalto en un taxi de la que pude escapar. La escucho, la entiendo y también tengo las ganas de matar a ese maldito como ella. Mi error fue creer que se había tranquilizado y traté de abrir la puerta para tirarme a la pista pero el seguro estaba malogrado. Entonces ahí el hombre se enfureció y me atacó con el desarmador y me dejó atontada. Ahí fue donde me violó sin preservativo. Ese maldito me violó y me boto de su carro sin zapatos.
Después de esa terrible noche `Pamela` quiso dejar la calle. Una semana no salió a ofrecer sus servicios sexuales por el trauma que la violación en aquel taxi le había generado. Sin embargo, la necesidad de juntar el dinero con premura para pagar a los abogados y el reparo civil de veinte mil soles para que sacar de la cárcel a su hijo, hicieron que vuelva a arreglarse para hombres desconocidos y para la calle. Lo que vivió aquella desafortunada noche le enseñó a seleccionar a sus clientes, a no irse con cualquiera por más que le inspirara confianza, es por eso que ahora  solo atiende a sus hombres, como ella les dice. Sus `amigos` la citan previa llamada de confirmación. La dulzura con que les dice `amigos` me intriga y le pregunto si alguna vez se ha enamorado de alguno. Inmediatamente me responde con un estruendoso ¡Jamás!   Cree en el amor pero no busca relacionarse sentimentalmente con ninguno pues la experiencia con su ex esposo la dejó curtida y traumada. Les tengo un cariño, sí, porque ya los conozco pero no me he enamorado. En este trabajo  uno aprende a ser psicóloga sin ir a la universidad porque tienes que estudiar la psicología de la gente. Desde las miradas, los gestos una ya sabe cómo nos va a tratar en el cuarto. Yo les aconsejo mucho a las chicas nuevas, les digo, chica no vayas porque veo al hombre sospechoso, a veces no me hacen caso, y cuando vienen me dicen que les pasó algo malo. Una ya tiene experiencia, yo solo lo sé, acá la universidad de la calle me ha enseñado todo.
Las horas pasan y siento peligro alrededor, ver tanto movimiento entre autos, hombres, cafichos, `mamis`, jaladores de hoteles y cuidadores de carros me asusta un poco, no lo puedo negar; sin embargo, lo que más me sorprende es ver chicas embarazadas prostituyéndose y también ver a menores de edad que llevan a sus bebés recién nacidos en coches a pasar la noche junto con ellas en la calle hasta el amanecer. `Pamela` se da cuenta hacia donde estoy mirando y lo único que me dice es que en la vida hay que tener suerte para ser feliz. Su frase me aterró.
¿Crees que la vida te ha golpeado bastante?
A mí me ha recontra golpeado. De golpear cualquiera tiene un golpecito, un tropezón pero a mí no. Yo no sé si estoy cargando una cruz pesada o qué pero a mí la vida me ha dado una golpiza tremenda.
Termina de decirme esa última  palabra y veo tristeza en su mirada. Una tristeza resignada y aferrada a que su hijo salga pronto de la cárcel para que ella pueda dejar de prostituirse. Mientras no puede darse el lujo de dejar su doble vida. Los años pasan y ella ya no es la misma joven de treinta cinco años que empezó en una calle de la avenida Grau. Le pregunto si se siente atractiva a comparación de la carne fresca que pulula a su alrededor. Tocándose el cuerpo y acomodándose el cabello una vez más me contesta como la mujer más segura del mundo y con una autoestima  envidiable de que sí. Yo tengo mi autoestima bien alta. Sé que no soy bonita de cara pero me arreglo, me gusta mi cuerpo. No soy una belleza tampoco pero mi cuerpo siempre ha atraído a los hombres. Toda la ropa que yo me pongo me queda hermosa.
Seguimos paradas en aquella esquina de 28 de Julio y presenciamos una pelea entre dos chicas, al parecer nada serio pues todo termina en menos de cinco minutos y cada una por su lado.  Acá como te digo nos apoyamos, no somos amigas, nos conocemos de hola y chau, no sabemos ni nuestros nombres ni dónde vivimos pero si hay un problema entre una chica y un cliente, todas saltamos. Si vemos que la chica también está abusando del cliente, porque hay algunas que te roban, también vamos contra ella. Una debe cuidar la imagen para que el cliente regrese y no se lleve una mala impresión porque esto es un trabajo. Nosotras no lo vemos como prostitución sino somos trabajadoras sexuales donde abunda el peligro.
¿Tienes miedo a no regresar una noche a tu casa?
Sí claro porque el peligro está en todos lados. Tú sales de tu casa a cualquier lugar y no sabes si vas a regresar no solo en este trabajo. En cualquier campo. Una vez trabajando como cocinera se me volteó la olla de agua hervida y pude haberme muerto. En cualquier lado está el peligro, cuando te toca, te toca.
`Pamela` ve la hora de rato en rato y parece que su cliente lleva tiempo retrasado. Me dice medio molesta que tal vez no venga. Para esta hora de la noche me cuenta que ya ha estado con dos clientes pero  son necesarios dos más para sacar buen dinero ya que viajará a Chiclayo a las cuatro de la mañana para visitar a su hijo al penal.
¿Qué te hace feliz?
Ver la felicidad de mis hijos
¿Qué te pone triste?
Me pone triste saber que llega la noche y que tengo que salir a trabajar como una servidora sexual porque mi hijo está preso. Hasta que él no salga de las rejas yo no puedo salir de la calle. Los dos estamos presos en esta condena.
A los lejos viene un señor de aproximadamente setenta años que ella detecta. En unos segundos pasa por nuestro lado. Hola papi ¿Te atiendo corazón? El señor de avanzada edad asiente sonriente con la cabeza y con las manos en los bolsillos como todo un parroquiano. Anda avanzando que yo ahorita te alcanzo. `Pamela` me cuenta que es uno de sus clientes más viejitos pero rendidor. Lo dirige hacia el hotel de la esquina y yo me ofrezco a acompañarla hasta la puerta mientras le hago unas cuantas preguntas finales. Ella no me apura, al contrario, se muestra presta a contestarme todas a pesar de que su cliente acaba de cruzar el umbral de ese hotel de diez soles.
¿Cómo te ves de aquí en unos años?

Si la muerte no me recoge antes, quiero estar rodeada de mis hijos y nietos siendo mamá y abuela. Pero si mi hijo aún continúa en la cárcel seguiré saliendo a las calles y odiando cada vez que llegue la noche.







2 comentarios:

  1. si es así como la pintas deberían hacerle un monumento a esa pobre señora que nunca roba y que trabaja por amor a sus hijos XD

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