`Pamela`
tiene 55 años y es prostituta hace más de dos décadas. Todas las noches se
ubica en una calle del Cercado de Lima, en la misma esquina y con las
compañeras de siempre. No le tiene miedo a los peligros de la noche, ni lo que
su trabajo representa, lo único a que le teme es a la censura familiar.
Para
muchos, cuando llega la noche, el día ha terminado, pero para otros como
`Pamela` este recién comienza. Cuadra seis de la avenida 28 de Julio, es medianoche
y aquella calle del Cercado de Lima ya ha sido tomada por varias cenicientas de saldo y esquina que se
encuentran ubicadas y repartidas a lo largo de la vereda como si estuvieron en
una gran vitrina de exhibición. Son los hombres los que las rodean entre cafichos
y clientes. Se acercan, las observan, les preguntan la tarifa y uno que otro se atreve a tocarlas. Los taxis se detienen,
les tocan el claxon y ellas sumisas y sensuales se acercan. Las que suben se
sientan en el asiento de adelante y otras simplemente regresan a su ubicación.
Mientras observo la escena escucho una voz con un ligero dejo selvático que
dice: “Ese siempre viene por acá nada más
a preguntar”. Era ella.
Estoy
en el cruce de Guzmán Blanco y 28 de Julio y solo `Pamela` que está en la
esquina, detrás del puesto de periódicos, se ha dado cuenta de mi intrusa
presencia. Viste un pantalón turquesa, un polo negro apretado sin escote, tacos
y una cartera que sujeta con desconfianza. No tiene mucho cabello pero es largo
y negro. Algunas canas se le ven desde las raíces pero no son muchas. En su
rostro se dibujan las líneas de la edad pero lo sabe ocultar debajo de un buen
maquillaje y su coquetería innata. `Pamela`, porque así quiere que
la llame, tiene 55 años y hace veinte es prostituta. En todo este tiempo
como tal, me asegura que nunca le ha robado a un cliente y que por lo general
son los jóvenes los que la buscan. Nació en Huacho pero desde los tres años
vivió en la Selva. No terminó el colegio y
se casó a los quince años con un hombre que la maltrataba física y
psicológicamente con quien tuvo cuatro hijos. Dos nefastos episodios hicieron
que entrara al mundo del intercambio de sexo por dinero pero me cuenta que ya
falta muy poco para dejar esta doble vida y solo se dedicará a ser mamá y
abuela.
¿Tus
hijos saben a lo que te dedicas?
No, para nada. Ni loca, para que no se enteren me
cuido muy bien las espaldas.
¿Hasta
qué hora trabajas?
Ahora solo me quedo hasta las dos de la mañana.
Antes sí me amanecía pero para que no sospechen mis hijos he reducido algunas
horas.
Ella
puede contarme inmediatamente miles de
historias y experiencias que la noche le ha dado; sin embargo espera paciente a
que yo le haga las preguntas. Me responde con soltura, tal vez, la misma que la
hace pararse todas las noches bien
arregladita como para ir de bodas en esa esquina de 28 de Julio a la espera
de hombres ansiosos de sexo. Me mira
con ojos de madre y me da confianza. `Pamela` no se maquilla ni viste
escandalosamente como las otras chicas con las que comparte la cuadra. Su ropa
es un poco más sobria y recatada pues es como ella dice: es toda una señora. Es
atractiva y llama la atención de los hombres y clientes no le faltan. Asegura que es su experiencia, el trato
complaciente y su coquetería lo que
hace que ellos siempre regresen en busca de veinte minutos de placer por solo
treinta soles. Me asegura que su retiro está muy cerca pues ya está cansada de
tener que mentirles a sus hijos cada vez que llega la noche y de tener que
cuidarse las espaldas por si la ve algún vecino o conocido la ve y pueda
comentárselo a su familia.
Se
inició en este mundo a los 35 años debido a un accidente que sufrió su hijo menor
donde se rompió la tibia y el peroné en un partido de fútbol del colegio.
`Pamela` estaba sola con sus cuatro hijos pero libre de un marido abusivo. Trabajaba
como cocinera en un restaurant de la capital pero no le alcanzaba para cubrir
todos los gastos de la operación, así que recurrió a sus amigos para que le
prestaran dinero. Y así sucesivamente me
fueron prestando también los amigos de mis amigos, a los que yo no conocía
mucho. Cuando llegaba la fecha para
pagarles les decía que por favor me den un poco más de tiempo y ellos solo
atinaban a decirme que no me preocupara. Me invitaban a comer a tomar algún
trago y luego me decían que querían estar conmigo esa noche. Es así como yo
entro a este mundo. De casualidad, sin darme cuenta pero sobre todo por
necesidad. A ese mundo se fue acostumbrando poco a poco. Al inicio fue
difícil pues ya no solo se acostaba con gente conocida que le había prestado
dinero en algún momento sino que empezó a pararse en las calles en busca de
clientes. Esto es horrible. Es casi un
martirio porque no es que te vayas a un hotel con un amigo a pasarla bien, vas
con gente que incluso te da asco, que no conoces, que toca tu cuerpo, que
quieren acariciarte y tenerlo encima jadeando, eso es lo peor pero por dinero
una soporta. Es una cosa horrible que no se lo deseo a nadie, ni a mi peor
enemiga.
`Pamela`
pudo costear la operación de su hijo e iba a dejar las calles pero como un mal
siempre trae otro o siempre llueve sobre mojado, el tan ansiado retiro que había
planeado tuvo que posponerse hasta la actualidad. El mayor de sus hijos mató a
su conviviente por haberla encontrado infraganti con otro hombre y fue a parar
a la cárcel a cumplir una condena de veinte años. Ella no podía dejar a su
suerte a su otro hijo, sentía que tenía que protegerlo y ayudarlo a salir de
ese problema como sea. Han pasado diez años desde que su primogénito está
encerrado en un penal de Chiclayo pero muy efusiva me cuenta que él ya está
próximo a salir. Tengo que pagar veinte
mil soles para que salga. Yo hoy viajaré a Chiclayo a las 4 de la mañana para
ver sus papeles porque ya va a salir pronto. Por eso cuando salga mi hijo, se acabó esta vida. Mi hijo, el que
está detenido, sospecha de que soy prostituta porque la mayoría de madres y
esposas de los reclusos se prostituye para pagar los abogados y para llevarles dinero. Él no lo sabe, pero lo
intuye. Sin embargo no me dice nada y deja que lo ayude. `Pamela` no siente
vergüenza por su trabajo porque lo hace para que a sus hijos no les falte nada.
Con los ojos lagrimosos y voz entrecortada se acomoda el cabello hacia un lado
y me dice con firmeza que si en algún momento sus hijos se enteran, tal vez la
rechacen y hasta la boten de casa. Sus manos arrugadas se tocan el rostro como
pensando en qué pasaría con ella si eso sucede; sin embargo no llora. Da un
suspiro y me sonríe aludiendo que la vida es dura y que al menos a ella la ha
recontra golpeado.
A
los cuarenta años fue víctima de una violación en un taxi. Sus ojos se llenan
de indignación y puedo sentir que la cadencia de su pecho se acelera cuando
empieza a recordar ese episodio de su vida. Mientras me cuenta cómo sucedió, su
relato es interrumpido por el paso de un cliente que ella había atendido en
alguna oportunidad. Hola corazón.
Insisto en que si tiene que irse que me avisara ya que estoy interrumpiendo sus
horas de trabajo e invadiendo su territorio. Me contesta que espera a un
cliente fijo esta noche o `amigo`, como ella los llama, y que aún no llega.
Hace más de diez años tuvo el error de subirse al taxi equivocado. Aquel
conductor con pinta de ser una persona decente como me cuenta, abrió la puerta
del auto y ella subió confiada y se sentó al lado del conductor. En la ruta
hacia el hotel `Pamela` pregunta a cuál irán pero no recibió respuesta alguna.
El carro se detuvo en una calle oscura pero ella aún sigue sin sospechar nada.
El taxista hacia la finta de que buscaba su DNI entre sus cosas cuando de
pronto no dudo en abalanzarse sobre ella a la fuerza. Ya perdiste puta de mierda.
Te voy a violar y sin preservativo. `Pamela` insistió en que no haga nada
por la fuerza, que de todas maneras lo atendería pero que se ponga un condón.
Algunas coqueterías de `Pamela` lograron calmar el desenfreno, la violencia y
el libido de aquella bestia irracional. Mientras este buscaba un preservativo
entre sus cosas, esta avezada mujer intentó abrir la puerta para fugarse pero
todo fue en vano. El taxista, al notar el intento de fuga, se le lanzó encima
con un desarmador apuntándole en la yugular, la insultó y la violó como se le
dio la gana.
Siento
su indignación, su rabia desenfrenada e impotencia en su mirada y en su voz. Lamentablemente,
mientras me cuenta ese pasaje de su vida, yo comienzo a recordar una
experiencia similar de asalto en un taxi de la que pude escapar. La escucho, la
entiendo y también tengo las ganas de matar a ese maldito como ella. Mi error fue creer que se había
tranquilizado y traté de abrir la puerta para tirarme a la pista pero el seguro
estaba malogrado. Entonces ahí el hombre se enfureció y me atacó con el
desarmador y me dejó atontada. Ahí fue donde me violó sin preservativo. Ese
maldito me violó y me boto de su carro sin zapatos.
Después
de esa terrible noche `Pamela` quiso dejar la calle. Una semana no salió a
ofrecer sus servicios sexuales por el trauma que la violación en aquel taxi le
había generado. Sin embargo, la necesidad de juntar el dinero con premura para
pagar a los abogados y el reparo civil de veinte mil soles para que sacar de la
cárcel a su hijo, hicieron que vuelva a arreglarse para hombres desconocidos y
para la calle. Lo que vivió aquella desafortunada noche le enseñó a seleccionar
a sus clientes, a no irse con cualquiera por más que le inspirara confianza, es
por eso que ahora solo atiende a sus
hombres, como ella les dice. Sus `amigos` la citan previa llamada de
confirmación. La dulzura con que les dice `amigos` me intriga y le pregunto si
alguna vez se ha enamorado de alguno. Inmediatamente me responde con un
estruendoso ¡Jamás! Cree en el amor pero no busca relacionarse
sentimentalmente con ninguno pues la experiencia con su ex esposo la dejó
curtida y traumada. Les tengo un cariño,
sí, porque ya los conozco pero no me he enamorado. En este trabajo uno aprende a ser psicóloga sin ir a la
universidad porque tienes que estudiar la psicología de la gente. Desde las
miradas, los gestos una ya sabe cómo nos va a tratar en el cuarto. Yo les
aconsejo mucho a las chicas nuevas, les digo, chica no vayas porque veo al
hombre sospechoso, a veces no me hacen caso, y cuando vienen me dicen que les
pasó algo malo. Una ya tiene experiencia, yo solo lo sé, acá la universidad de
la calle me ha enseñado todo.
Las
horas pasan y siento peligro alrededor, ver tanto movimiento entre autos,
hombres, cafichos, `mamis`, jaladores de hoteles y cuidadores de carros me
asusta un poco, no lo puedo negar; sin embargo, lo que más me sorprende es ver chicas
embarazadas prostituyéndose y también ver a menores de edad que llevan a sus
bebés recién nacidos en coches a pasar la noche junto con ellas en la calle
hasta el amanecer. `Pamela` se da cuenta hacia donde estoy mirando y lo único
que me dice es que en la vida hay que tener suerte para ser feliz. Su frase me
aterró.
¿Crees
que la vida te ha golpeado bastante?
A mí me ha recontra golpeado. De golpear cualquiera
tiene un golpecito, un tropezón pero a mí no. Yo no sé si estoy cargando una
cruz pesada o qué pero a mí la vida me ha dado una golpiza tremenda.
Termina
de decirme esa última palabra y veo
tristeza en su mirada. Una tristeza resignada y aferrada a que su hijo salga
pronto de la cárcel para que ella pueda dejar de prostituirse. Mientras no
puede darse el lujo de dejar su doble vida. Los años pasan y ella ya no es la
misma joven de treinta cinco años que empezó en una calle de la avenida Grau.
Le pregunto si se siente atractiva a comparación de la carne fresca que pulula
a su alrededor. Tocándose el cuerpo y acomodándose el cabello una vez más me
contesta como la mujer más segura del mundo y con una autoestima envidiable de que sí. Yo tengo mi autoestima bien alta. Sé que no soy bonita de cara pero me
arreglo, me gusta mi cuerpo. No soy una belleza tampoco pero mi cuerpo siempre
ha atraído a los hombres. Toda la ropa que yo me pongo me queda hermosa.
Seguimos
paradas en aquella esquina de 28 de Julio y presenciamos una pelea entre dos
chicas, al parecer nada serio pues todo termina en menos de cinco minutos y
cada una por su lado. Acá como te digo nos apoyamos, no somos
amigas, nos conocemos de hola y chau, no sabemos ni nuestros nombres ni dónde
vivimos pero si hay un problema entre una chica y un cliente, todas saltamos. Si
vemos que la chica también está abusando del cliente, porque hay algunas que te
roban, también vamos contra ella. Una debe cuidar la imagen para que el cliente
regrese y no se lleve una mala impresión porque esto es un trabajo. Nosotras no
lo vemos como prostitución sino somos trabajadoras sexuales donde abunda el
peligro.
¿Tienes
miedo a no regresar una noche a tu casa?
Sí claro porque el peligro está en todos lados. Tú
sales de tu casa a cualquier lugar y no sabes si vas a regresar no solo en este
trabajo. En cualquier campo. Una vez trabajando como cocinera se me volteó la
olla de agua hervida y pude haberme muerto. En cualquier lado está el peligro,
cuando te toca, te toca.
`Pamela`
ve la hora de rato en rato y parece que su cliente lleva tiempo retrasado. Me
dice medio molesta que tal vez no venga. Para esta hora de la noche me cuenta
que ya ha estado con dos clientes pero son
necesarios dos más para sacar buen dinero ya que viajará a Chiclayo a las
cuatro de la mañana para visitar a su hijo al penal.
¿Qué
te hace feliz?
Ver la felicidad de mis hijos
¿Qué
te pone triste?
Me pone triste saber que llega la noche y que tengo
que salir a trabajar como una servidora sexual porque mi hijo está preso. Hasta
que él no salga de las rejas yo no puedo salir de la calle.
Los dos estamos presos en esta condena.
A
los lejos viene un señor de aproximadamente setenta años que ella detecta. En
unos segundos pasa por nuestro lado. Hola
papi ¿Te atiendo corazón? El señor de avanzada edad asiente sonriente con
la cabeza y con las manos en los bolsillos como todo un parroquiano. Anda avanzando que yo ahorita te alcanzo. `Pamela`
me cuenta que es uno de sus clientes más viejitos pero rendidor. Lo dirige
hacia el hotel de la esquina y yo me ofrezco a acompañarla hasta la puerta
mientras le hago unas cuantas preguntas finales. Ella no me apura, al
contrario, se muestra presta a contestarme todas a pesar de que su cliente
acaba de cruzar el umbral de ese hotel de diez soles.
¿Cómo
te ves de aquí en unos años?
Si la muerte no me recoge antes, quiero estar
rodeada de mis hijos y nietos siendo mamá y abuela. Pero si mi hijo aún continúa
en la cárcel seguiré saliendo a las calles y odiando cada vez que llegue la
noche.

i like!
ResponderEliminarsi es así como la pintas deberían hacerle un monumento a esa pobre señora que nunca roba y que trabaja por amor a sus hijos XD
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