Si yo hubiese sido hombre, seguramente sería hincha a morir del mismo equipo de fútbol que el de mi papá: Alianza Lima. Siempre creí que era de la U porque la mayoría de mi familia lo es y la presión de grupo crece; sin embargo a estas alturas puedo decir que no soy seguidora de ningún club en especial. Me jode. Envidio a todos esos hinchas que van al estadio a alentar a sus equipos con pasión. Me gustaría vitorear por alguno pero creo que es demasiado tarde para identificarme con algún equipo de fútbol.
Para mi papá el partido de hoy era importante, como para todo aliancista. Él quería ver al equipo de sus amores ganar, salir campeón y dar la vuelta en el Nacional. Es diciembre, el último mes del año, faltan pocos días para su cumpleaños, ¡Alianza tiene que campeonar hoy! Esta última frase se la escuché decir varias veces, con una sonrisa cómplice, durante la mañana, a cada conocido que se encontraba en la calle. Mi viejo siempre se entusiasma cuando ve a Alianza jugar, es su equipo, su pasión.
Cuando era pequeña, recuerdo que él siempre iba solo al estadio. Los clásicos eran imperdibles en su vida. Con ropa deportiva, descansando de las camisas y de pantalones de vestir, se iba al estadio desde temprano con su banderola de blanquiazul y nos decía que ya venía. Mi madre espantada lo despedía con el corazón en la boca. Debo contar que para la señora de la casa todo evento en un estadio o masivo es alarmante.
Terminado el encuentro, mi viejo regresaba a la casa por la noche, vistiendo su bandera querida y cantando todas las canciones que había escuchado en el Comando Sur, nos saludaba contento y nos comentaba lo emocionante que había sido toda su estadía por la tarde en el estadio. Era raro pero lo que más esperábamos cuando regresara era que nos contara los chistes que lanzaban los palomillas, no sé qué tanto de jergas o palabrotas podía entender yo de chibola pero recuerdo que me gustaba escuchar a mi papá porque veía que realmente disfrutaba lo que contaba.
En el partido de Ayer ( Aurich – AL) recién vi a mi papá en los minutos suplementarios. Llegué a mi casa a las seis y media de la tarde. Llegué y vi su carasa rígida ahí sentando frente al televisor, ante el cero a cero que indicaba el marcador. Llegó el momento de los penales que definirían el Campeón Nacional. Él tenía toda la certeza de que su Alianza iba a campeonar; sin embargo el primer penal fallido de su equipo lo dejó con la cara más seria y dura de como lo encontré. Gonzales falló el primer penal. No importa, dijo, es el primero ¡Vamos Alianza!
Cuando era pequeña, recuerdo que él siempre iba solo al estadio. Los clásicos eran imperdibles en su vida. Con ropa deportiva, descansando de las camisas y de pantalones de vestir, se iba al estadio desde temprano con su banderola de blanquiazul y nos decía que ya venía. Mi madre espantada lo despedía con el corazón en la boca. Debo contar que para la señora de la casa todo evento en un estadio o masivo es alarmante.
Terminado el encuentro, mi viejo regresaba a la casa por la noche, vistiendo su bandera querida y cantando todas las canciones que había escuchado en el Comando Sur, nos saludaba contento y nos comentaba lo emocionante que había sido toda su estadía por la tarde en el estadio. Era raro pero lo que más esperábamos cuando regresara era que nos contara los chistes que lanzaban los palomillas, no sé qué tanto de jergas o palabrotas podía entender yo de chibola pero recuerdo que me gustaba escuchar a mi papá porque veía que realmente disfrutaba lo que contaba.
En el partido de Ayer ( Aurich – AL) recién vi a mi papá en los minutos suplementarios. Llegué a mi casa a las seis y media de la tarde. Llegué y vi su carasa rígida ahí sentando frente al televisor, ante el cero a cero que indicaba el marcador. Llegó el momento de los penales que definirían el Campeón Nacional. Él tenía toda la certeza de que su Alianza iba a campeonar; sin embargo el primer penal fallido de su equipo lo dejó con la cara más seria y dura de como lo encontré. Gonzales falló el primer penal. No importa, dijo, es el primero ¡Vamos Alianza!
Aurich metió el primer gol de la noche, seguía el turno a Alianza con Soto, ¡GOOOOOOOOOOOOOOOOL! Saltó y gritó. Pero al minuto vino el segundo gol del equipo rival. Turno de Alianza una vez más … Trujillo pateaba el segundo penal que fue atrapado por Penny. En esta oportunidad vi a mi papá llevarse las dos manos a la cabeza decir un ¡Puta madre! Y lamentarse. Para ayudar a enfurecerlo más vino el tercer gol del Aurich con Ciciliano. Con este gol del equipo rival, las únicas que palabras que salieron de sus labios fueron: ¡Se acabó!... pero bien que guardaba la esperanza aliancista adentro. Es momento de alianza una vez más con Vílchez, pero este falló el penal.
Alianza Lima, el equipo de sus amores no fue campeón este año. Al terminar el partido en medio de las cachas que mi mamá le sacaba, este hombre lo único que dijo antes de irse a su cuarto y así convencerse de que será aliancista toda su vida fue: ¡Alianza Lima en las buenas y en las malas, contigo siempre mi blanquiazul!


Ver campeonar a Alianza es un sentimiento único. Lo he visto solo un vez, si mal no recuerdo. O tal vez esa fue la ocasión en la que dije ''Alianza es mi equipo''. Sin embargo, creo que el Aurich se merecía dar la vuelta y me da mucho gusto. Mi familia es chiclayana y siento, de todos modos, esa alegría que contagia. Pero como dice el ñor: ''¡Alianza Lima en las buenas y en las malas, contigo siempre mi blanquiazul!''
ResponderEliminarjajaja esa Arbaiza, para el pròximo partido vienes a alentar con mi papà!
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